Ribadesella, Bárbara MORÁN
«Creí que la riada se llevaba el pueblo por delante. Pero hay que ver lo positivo, lo más importante es que estamos bien y no hay heridos, sólo daños materiales», comentaba Loli Rodríguez mientras abrazaba a su perra «Mikita» y contempla la estampa dantesca que la riada había dejado a la puerta de su casa, situada en el barrio de La Sertal, en Vega (Ribadesella).
Troncos de árboles, toneladas de barro y lodo, basuras y restos de casi cualquier cosa, que el caudaloso caudal del río Acebu, que desemboca en la playa de Vega, dejó por todo el pueblo cuando su cauce se desbordó por completo, a primera hora de la mañana de ayer. Los vecinos de Vega apenas pudieron dormir durante la noche del martes por el ensordecedor ruido del río, que ya avisaba de que su desbordamiento era inminente. Ayer, los afectados intentaban limpiar sus casas tomadas por el barro. Hacía veinte años que no ocurría algo similar.
Vega quedó completamente aislado por la riada durante varias horas, ya que en la principal vía de acceso al pueblo el agua alcanzaba el medio metro, lo que provocó que el camping local quedara completamente anegado. Con el paso de las horas, la bajamar fue devolviendo al pueblo cierta normalidad, pero las calles quedaron destrozadas.
También hubo daños en los pueblos de Santianes, Omedina, Fríes, Cueves, Xuncu, L'Alisal, Llovio y Vega, donde los vecinos estuvieron en vilo toda la mañana, ya que el caudal del Sella no dejaba de subir y de apoderarse de carreteras, viviendas, plantaciones agrícolas y todo lo que encontraba a su paso.
Benedicto Rojo, ganadero de Fríes, relataba con impotencia que ha perdido en la riada a cinco vacas, otros tantos terneros y un toro. En L'Alisal, el negocio agrícola de Roberto Capín quedó arrasado: unos 100.000 euros de pérdidas. Mala jornada fue también la que vivieron los trabajadores de la Cooperativa Metalúrgica, Címer, situada en el pueblo de Santianes. «Huimos porque veíamos que cada vez subía más el agua», relató Francisco Díaz, cuando el nivel del agua ya alcanzaba en la fábrica de Címer los dos metros de altura. Diecinueve empleados de esta empresa tuvieron que ser evacuados en helicóptero tras quedar atrapados en el cementerio parroquial, situado en la ladera de un monte cercano, donde se habían refugiado.
Otros daños provocados por la riada son el derrumbe de la carretera que comunica Nocéu y Tresmonte, la rotura de la pasarela peatonal sobre el Sella que comunicaba Cueves con Llovio y argayos de diversas consideración en varias carreteras locales. En Llovio, los vecinos salieron a la carretera tras poner a buen recaudo sus pertenencias de más valor. El agua alcanzó a varias viviendas, como la de Valentín Llera, Marta Bulnes y la hija de ambos Lorena Cuervo. Los tres dejaron la vivienda al mediodía, cuando el agua pasaba ya del metro de altura. El agua inundó la N-634 y la vía de Feve en Llovio, dejando cortadas las comunicaciones con Arriondas. El desbordamiento del Sella también provocó cortes en la N-634 en Santianes y Fríes (Ribadesella) y Triongu (Cangas de Onís).