La situación no mejoraba, independientemente de que se siguiente el cauce del río en un sentido o en otro. La Policía Local tuvo que cerrar el puente que da acceso a la iglesia de Trubia desde la carretera general. El nivel y la fuerza del agua hacían temer por el puente, que finalmente aguantó. El agua sí se coló en la iglesia. «No habíamos visto nunca nada igual», decían los vecinos. Al otro lado del puente, a lo lejos un hombre contemplaba la riada desde el corredor de su casa, que había quedado aislada, y veía como un camión de Bomberos transitaba por una zona en la que el agua ha alcanzado un metro de altura.
Un kilómetro más arriba, en Vivero, las calles se habían convertido en ríos. Allí Demetrio Álvarez observaba cómo entre su casa y su hórreo bajaba una potente corriente. La localidad había quedado incomunicada.
La jornada fue dura, pero al final no se cumplieron los peores presagios. Cada uno de los puentes sobre el río Trubia era un grave problema en potencia. Algunos se vieron desbordados, como el puente de hierro que está a la altura de la Fábrica de Armas. La Policía cerro el paso para evitar daños. Contra los pilares de los puentes se acumularon troncos de árboles que la corriente había ido arrancando río arriba.
En Trubia pasaron el día midiendo centímetro a centímetro la crecida de las aguas, que amenazaban con inundar por completo la localidad.