Cangas de Onís,
J. M. CARBAJAL
Ni los más viejos del lugar recordaban una avenida tan grande como la que llevaba a primera hora de la mañana de ayer el río Sella a su paso por Cangas de Onís, con inundaciones, argayos en varias vías y numerosas incidencias eléctricas y telefónicas. «Uno de los mayores peligros que tuvimos fue en la zona del Pozu los Llobos, donde hubo que desalojar a algunos vecinos, ya que el agua pasaba casi por encima del puente de la variante», explicó el alcalde, Alfredo García, quien también reconocía el peligro de derrumbe que presentaba el puente de El Cortijo, a causa de los troncos que arrastraba el Güeña, afluente del Sella.
Uno de los puntos de atención era el emblemático «puente romano», pues entre las ocho y las nueve de la mañana el río había crecido de manera considerable, entre tanto la lluvia no daba tregua, dando la sensación de que el Sella podría llegar a rebasar el «puente nuevu», por el que transcurre la N-625, cosa que, afortunadamente, no llegó a ocurrir. Eso sí, las aguas anegaron locales hosteleros, como el mesón El Puente Romano, con más de un metro de agua en su interior. «Llevo treinta y ocho años aquí y no recuerdo nada parecido», explicó José Ramón Lanza, gerente del mesón.
Para algunos cangueses, ya entrados en años, la anómala situación se asemejaba a la acontecida en 1938, cuando una espectacular «riadona» conseguía sobrepasar el «puente nuevu». Y prueba palpable de aquella incidencia era la llamativa reproducción fotográfica que portaba Francisco Martínez Sanmartín, Paco el Peluqueru. Una instantánea, en blanco y negro, que despertaría, incluso, la atención de un reducido grupo de turistas extranjeros que contemplaban a primera hora de la tarde la imponente crecida del carismático río.
Otros, más jóvenes, igualmente rememoraban la «gota fría» del verano de 1983, fecha en la que el río Güeña, afluente del Sella, anegó buena parte de la ciudad canguesa -sobremanera el barrio de El Lleráu- y gran parte del valle. Aquel suceso, en tiempos de Juan Antonio Vega Díaz como alcalde, propició la declaración de zona catastrófica para el concejo cangués.
Años más tarde, llegó a ejecutarse una de las obras más ambiciosas de las últimas décadas: el encauzamiento del Güeña con el Sella a su paso por la ciudad canguesa. Ayer, el Güeña volvía a hacer de las suyas, especialmente en los barrios de El Lleráu y El Censu. Los bachilleres del IES Rey Pelayo de Cangas que tenían que enfrentarse a la prueba de acceso a la Universidad -la PAU- en Ribadesella lograron llegar al examen, pese al anegamiento de la N-634 a la altura de Triongu. Otros estudiantes de la comarca se vieron obligados a acometer un largo recorrido alternativo para llegar a la villa riosellana.