Argame (Morcín),
Andrés VELASCO
«Lo hemos perdido todo y no sabemos qué vamos a hacer ahora». Esa fue una de las frases más repetidas en la localidad morciniega de Argame, uno de los núcleos más castigados por el gran temporal de lluvia que durante los últimos días ha arrasado casi toda Asturias y que tanto el martes como ayer se cebó especialmente en la zona central de la región. Más de una treintena de vecinos tuvieron que salir de sus casas, algunos por su propio pie, y otros evacuados por los Bomberos y la Guardia Civil. La gran riada que bajaba a la altura de Argame provocó graves inundaciones en la localidad, llegando el agua a alturas de casi dos metros y obligando a cortar la vieja nacional 630.
Algunos vecinos se quedaron encerrados en sus casas y tuvieron que subir al segundo piso a la espera de ser rescatados. Este fue el caso de José Antonio Martínez y Margarita Huerta, de 80 y 75 años, que fueron los primeros evacuados en una canoa por los Bomberos. El hombre reconocía, tras pisar tierra firme, que «he vivido unos momentos de mucho miedo y mucha tensión». «Mi mujer estaba muy nerviosa, porque cuando nos dimos cuenta ya no podíamos salir de casa», comentaba, todavía tembloroso y mareado, José Antonio Martínez, quien afirmaba que «lo hemos perdido todo». Su odisea ya había comenzado en la noche del martes cuando «vimos que empezó a entrar agua en la planta de abajo de la casa, y desalojamos al segundo piso después de trasladar lo que pudimos». El hombre, tras ser rescatado junto a su mujer, buscará refugio «en casa de familiares».
Un situación similar vivieron el matrimonio de Adolfo Martínez y Rosa González, de 72 años ambos, que también tuvieron que abandonar su casa en la canoa hinchable. «Dolfo», como así lo conocen sus vecinos, reconoce que su mayor preocupación era su mujer, «que estaba muy nerviosa, y tuve algo de miedo por ella». Además, aseguró que también temió «por si el puente de Santa Eulalia cedía por la riada, porque eso si que hubiera provocado un problema mucho mayor, ya que hubiera venido una crecida más grande». «Sientes impotencia, tristeza: ves que pierdes tu casa, tu coche, y no puedes hacer nada», afirmaba Martínez, quien, sin embargo, se alegraba de que «no haya habido ningún daño personal».
Los que sí pudieron salir por su propio pie, aunque también se han quedado sin nada, fueron Vicente González y su esposa. Ella tiene un estanco en la planta baja de su casa, del que sólo pudo salvar algunos cartones de tabaco. «Según empezó a entrar el agua intentamos subir algo de material entre todos, y es lo único que hemos librado», lamentaba. Su marido, director de la sucursal de Cajastur en El Entrego, afirmaba que «ahora habrá que esperar a ver qué pasa con todo lo que hemos perdido».