Villaviciosa,
M. MENÉNDEZ
Teresa Martínez y Julián Verdú están desesperados. El agua se lo ha arrebatado casi todo. «Estábamos durmiendo y la gata empezó a miagar. Mi marido encendió la luz para reñirla y comprobamos que el agua casi nos llegaba a la cama», comentó la mujer en Villaviciosa, aún incrédula. Al abrir la ventana de su casa, en las inmediaciones de la iglesia de La Oliva, no daban crédito: «Venía un mar».
Teresa Martínez no puede evitar el llanto al pensar en las pérdidas económicas que les supondrán la inundación de su vivienda y garaje, donde también tienen su obrador y almacén. Allí guardaban la furgoneta y el material para comenzar la campaña estival en su heladería. Tampoco conocen aún cómo habrá afectado el agua a las máquinas recién compradas y al coche de su hija, prácticamente anegado. Una situación difícil de asimilar.
No fueron los únicos. Las furgoneta de un vecino de San Justo tuvo que ser remolcada por un tractor en el puente del Sumidoriu y la fábrica de la Capsa también se vio afectada.