Bueño (Ribera de Arriba),
Raquel L. MURIAS
Olimpia Vázquez salió ayer de su casa en camilla. No es que su corazón, ya cansado, tuviese nuevas dolencias. Tampoco le había subido la tensión y, además, acababa de tomarse la medicación. La culpa de su evacuación la tuvo el río Nalón, que ayer se instaló en su casa de Bueño (Ribera de Arriba), hasta asustarla. Olimpia nunca había visto cosa igual en sus 78 años. Las aguas del Nalón inundaban su cocina. El caudal había crecido tanto que al llegar al embudo que el río hace en Palomar, el agua se vio obligada a dar la vuelta, cauce arriba, ante la imposibilidad de seguir su curso natural hacia el mar. Olimpia fue una de las cincuenta personas que ayer tuvieron que abandonar sus viviendas en Bueño. Veinticinco casas resultaron afectadas por la crecida del río, que se salió de su cauce alimentado por la enorme tromba de agua que no cesó de caer durante toda la madrugada.
La casa de Olimpia fue una de las que ayer terminaron más afectadas por las aguas en este coqueto pueblo del centro de Asturias, famoso por ser el que más hórreos tiene en toda la región: 47 en pie. Eran las doce y media de la mañana cuando los Bomberos de Asturias y los voluntarios comenzaron a evacuar a los vecinos que habían quedado atrapados en sus casas. El agua embalsada alcanzó más del metro y medio de altura en la zona baja de la localidad. Olimpia fue la primera en ser evacuada y en cuanto pisó suelo firme sólo pidió su bastón. «Parece que estoy un poco mareada», indicó. En el camión municipal que se utiliza casi para todo, empezó la difícil tarea de rescatar al resto de vecinos atrapados, cuatro más. «Venga, vamos, no se puede perder tiempo, que esto todavía puede seguir subiendo», alertaba el concejal de Infraestructuras de Ribera de Arriba, Miguel Sainz-Pardo.
Alcino Dos Anjos, en el volante. Detrás, dos efectivos de Bomberos de Asturias. Subido en el techo del camión, José Ángel Pérez, voluntario y vecino de Bueño. El concejal dirige la operación también desde dentro sin descolgarse de su teléfono móvil. «Esto está muy mal, de las sesenta casas del pueblo tenemos casi un tercio con agua dentro», explicaba a Sainz-Pardo. La primera parada es para recoger a una joven que sólo lleva dos meses viviendo en Bueño. Tania Meca decidió seguir durmiendo cuando su novio se fue a trabajar a la siete y media de la mañana. «Me llamó la vecina para alertarme, me asomé a la ventana y no me creía lo que estaba viendo, así que llamé para que vinieran a sacarme», explica Meca, que no se olvidó dentro a su perrita, «Quira». «Yo estoy flipando», afirma la joven al tiempo que Dos Anjos intenta salvar la curva para buscar a otro «perdido» entre las aguas.
La cosa se complica, el nivel del agua no deja de subir y los Bomberos prefieren adelantarse para evitar que el camión municipal termine bloqueado. «Dale, dale», grita un bombero desde fuera. El conductor acata la orden, no sin antes advertir: «espero que no se me pare el motor, si esto se apaga, el agua va a entrar dentro». Una voz suena desde detrás de un enorme muro de piedra. «Aquí, aquí», gritan. Bueño se ha convertido en una inmensa piscina.
Los Bomberos quieren entrar a rescatar el vecino. «¿No tienes una escalera para subir hasta el muro?», le preguntan. Así lo hacen, y los efectivos de Bomberos, desde el techo del camión y con la ayuda de José Ángel Pérez, que tiende su mano desde lo alto del muro, otro vecino más está a salvo.
Los vecinos de Bueño se volcaron ayudando a los más afectados: escobas para barrer, comida caliente para los que tuvieron que dejar sus casas, un abrazo de apoyo... Bueño estuvo unido ante una riada como no se recordaba. Dos mujeres mayores, también encarceladas en su propia vivienda por la crecida del Nalón, no quisieron que nadie las sacase de dentro. Optaron por alojarse en el piso de arriba y desde allí, con el dedo índice en alto, aseguraron: «no, no, nosotras nos quedamos». Y así fue. «La gente se empeña en quedarse en casa y después hay que lamentar», comentaba un bombero en voz baja.
La situación de Bueño empezó a mejorar a las tres de la tarde de ayer. El nivel del agua comenzó a bajar y al cierre de esta edición todo los vecinos podían entrar ya en sus casas. Ahora habrá que valorar los daños, la mayoría electrodomésticos y maquinaria. Ya libre de inundaciones, Bueño volverá a ser famoso por sus hórreos y por su festival de jazz. Y Olimpia volverá a su casa, a dormir tranquila. Y volverá caminando, sólo apoyada en su muleta.