A. VELASCO
Entre todas las historias, destacaba la de Cruz Padilla, una joven morciniega salpicada por la mala suerte. En los últimos tres años ya ha sufrido dos graves inundaciones. «Tengo una mezcla de sentimientos muy difíciles de describir: enfado, indignación, impotencia, tristeza y miedo», aseguraba al pie de la carretera, minutos después de salir de su casa anegada. «De otra riada ya nos pasó lo mismo hace tres años, aunque esta vez ha sido mucho más grave, y lo hemos perdido casi todo: muebles, electrodomésticos... todo», aseguraba, al tiempo que reconocía que «lo que más me preocupó fue mi hijo, de 8 años, que ayer -por el martes- pasó muchísimo miedo y tuvimos que llevarlo a dormir a Oviedo con sus abuelos por su seguridad».