Trubia (Oviedo),
David ORIHUELA
Nadie en Trubia recuerda una riada como la que anegó ayer varias zonas de la localidad ovetense y obligó a desalojar de sus viviendas a un centenar de personas. María Luisa Suárez se despertó a las siete y media de la mañana en su domicilio del grupo de edificios Coronel Baeza, a la orilla del río Trubia. Miró por la ventana y vio que el río se desbordaba, «en seguida llegó la Guardia Civil y nos dijo que saliésemos de casa». En los 53 años que la mujer lleva viviendo en Trubia había visto crecidas del río, pero nada como lo de ayer.
Los ochenta integrantes de las setenta familias que viven en los diecinueve edificios del grupo de viviendas Coronel Baeza abandonaron sus casas ayudados por Bomberos, Policía Local y efectivos de Protección Civil, y bajo la mirada de la concejala de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Oviedo, Conchita García, que se trasladó a Trubia a primera hora de la mañana y no abandonó la localidad hasta que bajó el nivel de las aguas. Luis Ángel Montes, sargento de Bomberos de Oviedo, relataba a media mañana que el río se había desbordado y que las personas mayores, algunas de ellas impedidas, habían sido trasladadas al centro social de La Riera, a poca distancia de las viviendas.
Los trubiecos contemplaron impotentes durante toda la mañana cómo el río seguía creciendo y el nivel de las aguas aumentaba. Santos Román tiene una huerta a la orilla del río. Ayer era una piscina gigante de agua turbia. El hombre había ayudado a sacar a su suegro de una de las viviendas afectadas y cuando quiso salvar a sus animales ya no pudo. Román vigilaba desde lejos a sus dos perros, que se habían encaramado sobre la caseta para evitar ahogarse. Lo que no pudo salvar el hombre fue a las gallinas, «tenía allí unas pitas que no sé dónde habrán ido a parar», se lamentaba.
No hubo que lamentar desgracias personales, pero sí destrozos, principalmente en sótanos, bajos y huertas. Los trubiecos se pasaron el día mirando el río y vigilando que la cosa no fuese a más.