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Cascos, como Aznar o nada

El ex vicepresidente del Gobierno aceptará ser el candidato del PP al Principado sólo si le van a buscar a casa por considerarle el mejor

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Cascos, como Aznar o nada
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Los dirigentes populares plantean que el que fuera secretario general del partido debe ser quien mueva ficha y se muestre interesado

ALBERTO MENÉNDEZ A punto de cumplirse un año desde que LA NUEVA ESPAÑA adelantara la posibilidad de que el ex vicepresidente del Gobierno Francisco Álvarez-Cascos encabezara la lista del PP en las autonómicas de 2011 la incógnita sigue sin despejar. El tiempo para que los populares decidan se agota, y hasta el momento la dirección regional y la nacional, presidida por Rajoy, se han limitado a dar largas, en un toma y daca que desde una interpretación un poco malévola sólo lleva a una conclusión: que tanto en Asturias como en Madrid están dejando pasar el tiempo para que la opción del hace años todopoderoso secretario general del PP se agote por sí misma y se evapore.

Si una cosa dejó clara hace ya meses Cascos, cuando se le planteó la opción de liderar la lista del PP en Asturias, es que para que eso se hiciese realidad deberían ir a buscarle a casa. Puso de ejemplo el caso de José María Aznar, cuando Manuel Fraga, el propio Cascos y los entonces pesos pesados del partido fueron a Valladolid a pedirle, porque era «el mejor», que disputase la Presidencia del Gobierno a Felipe González.

Los máximos responsables nacionales y regionales del PP conocen muy bien a Cascos y saben que es un político de ideas fijas, coloquialmente, un cabezón, y que no se va a pronunciar sobre su posible candidatura a la Presidencia del Principado hasta que haya una decisión firme y formalmente tomada por parte de la organización y vayan a buscarle a su casa porque consideren que es el más adecuado, o el mejor, según su terminología, como se hizo con Aznar.

Quienes desde hace años han visto de cerca cómo piensa y actúa al que fuera mano derecha de Fraga y Aznar no dudan en asegurar que no da ningún valor a la decisión tomada de forma personal por el presidente del PP asturiano, Ovidio Sánchez, de pedir a Rajoy que Cascos sea el candidato. Precisamente ese carácter personal de la decisión, y que no sea de forma colegiada por parte del partido en Asturias es el que, aseguran, resta valor al «aparente» paso adelante de Sánchez en beneficio de la opción del ex ministro de Fomento.

Cascos continúa sin mantener una buena sintonía con Ovidio Sánchez, con el que no habla desde hace mucho tiempo, y discrepa abiertamente de su estrategia para la elección del candidato a la Presidencia del Gobierno asturiano. Tampoco ha habido ningún tipo de acercamiento a otros miembros de la ejecutiva regional del partido, como la gijonesa Pilar Fernández Pardo o el avilesino Joaquín Aréstegui, aunque una y otro, y el resto del sector más crítico con la alternativa de Cascos, han pasado a mantener una actitud más comedida con su candidatura, cambio de actitud que coincidió más o menos en el tiempo con la propuesta de Sánchez a Rajoy. Es de suponer que el presidente del PP asturiano les diese a conocer sus intenciones con anterioridad a planteársela al presidente nacional y les expusiese cuál iba a ser, según su opinión, la respuesta de Cascos: el silencio, al no haber pronunciamiento de la organización.

Si los pasos dados hasta ahora por el PP de Asturias no agradan al ex vicepresidente del Gobierno con Aznar tampoco parece que esté muy satisfecho con la estrategia de la dirección nacional. Personas de la máxima confianza de Cascos no entienden el trato que le viene dando Rajoy a una persona con la trayectoria del político asturiano, aunque son conscientes de que tanto el líder del partido como la «número dos», María Dolores de Cospedal, pueden estar pasándole factura por algunas pullas contra el actual funcionamiento del PP. Cascos llegó a cuestionar que Cospedal fuera a la vez «número dos» del partido y máxima responsable popular en Castilla-La Mancha.

Cascos no se cansa de repetir a quienes se atreven a preguntarle por su situación que «no puede haber una respuesta cuando antes no hay una pregunta», en clara alusión al poco interés mostrado de forma oficial por los dirigentes del PP sobre su candidatura. Y añade: «Tengo un manual de estilo, que todo el mundo conoce, y no me voy a salir de él». Buscar un pronunciamiento más claro del ex vicepresidente es prácticamente imposible, según coinciden en señalar personas de su entorno, quienes si van más allá y concretan que «lo que aquí está en juego no son los intereses de Asturias, sino los de quince o veinte personas de la organización, que están jugando sibilinamente con el apoyo de Génova, o al menos de parte de ella».

El tiempo se acaba. Las circunstancias han llevado al PP a que sólo se haya barajado en Asturias la candidatura de Cascos. Que está estancada: la dirección espera que él pida ser candidato y él no se moverá si no lo van a buscar a casa. Si alguien cede, y casi se puede asegurar que no va a ser Cascos, puede haber fumata blanca, si no, los populares se verán obligados a buscar a las carreras un sustituto. Y uno de los que mejor colocados están en esta supuesta nueva carrera es, sin lugar a dudas, Ovidio Sánchez. A diferencia de ocasiones anteriores en las que fue número uno a las autonómicas, el actual presidente de los populares de la región tendría a su favor las encuestas. Al menos, eso es lo que parece por el momento. Este dato puede ser el que le haga cambiar de opinión, ya que desde hace mucho tiempo viene repitiendo que él no va a ser el cabeza de cartel en el Principado.

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