Avilés / Navia / Ribadesella,
T. CASCUDO / M. TORAÑO / I. GARCÍA
La intensa lluvia caída en la región durante las últimas semanas ha trastocado los planes de los hosteleros. Los vecinos de la zona costera del Principado se echan las manos a la cabeza al ver en qué estado han quedado los arenales. Desde Ribadesella hasta Navia pasando por Bañugues y Verdicio, en Gozón, los propietarios de locales cercanos a los arenales piden a las autoridades competentes que agilicen los planes de limpieza para «no perder el verano». Los hosteleros son conscientes de que el turismo playero depende del buen tiempo, pero, aun así, esperan que el temporal no afecte a sus ventas estivales. A los hosteleros les toca esperar y ver cómo será el verano. Pero no pierden el optimismo a pesar de los desperfectos causados por el agua.
«Esto está ahora peor que en pleno invierno», aseguraba ayer en la playa riosellana de Vega Manuel Martín, encargado del chiringuito costero. Las piedras, los troncos y las ramas se han desperdigado por el arenal tras el temporal de los últimos días y complican el acceso para los que quieren tomar el sol, sobre todo en la desembocadura del río Acebu. «Baja como nunca de agua», agregaba Martín.
Para este vecino es un error que este año no se haya colocado una pequeña pasarela en la arena que normalmente ayudaba a cruzar sobre el río. «También quedó fatal la carretera de acceso», comentaba Martín, para quien el verano «va a ser más corto que nunca al paso que vamos». De todas formas, se mostró optimista en que no descienda el número de visitantes.
Y eso que cuatro días abriendo todos los informativos a nivel nacional como epicentro de la catástrofe asturiana no es precisamente la mejor publicidad con la que pueda soñar un hostelero. No obstante, en este caso los empresarios del ocio naviegos creen que las inundaciones de El Bao no pasarán factura a su temporada estival y que el turista no les dejará en la estacada. Lo explicaba ayer bien el dueño del bar Piedra, Miguel Ángel López: «Dicen que cualquier publicidad es buena, aunque sea mala». López considera que Navia podrá sobreponerse a los acontecimientos y que, al menos, se ha conseguido que el nombre del concejo suene muy lejos de las fronteras asturianas. Lo que más le preocupa es el cierre de la carretera nacional 634, «que puede provocar retenciones en verano». Pero zanja: «Quien tenga pensado venir lo hará igual». De todas formas, pide agilidad a las administraciones en los trabajos para resolver la canalización del río Barayo y reabrir la carretera.
Este empresario lleva treinta años viviendo del turismo al pie de la playa naviega, aunque es consciente de que el municipio no es precisamente un referente por sus arenales. «Al trabajar en la playa lógicamente dependemos del buen tiempo, aunque creo que quien viene a Navia busca más un tipo de turismo rural». Y así es como los hosteleros naviegos están dispuestos a reponerse de las lluvias y hacer de éste su mejor verano.
Mientras, en Gozón, los hosteleros de los locales playeros ven peligrar el verano si la limpieza y el acondicionamiento no se realizan con celeridad. «Hay muchos troncos y desechos en la playa, pero como no la acondicionen pronto, va a ser un verano muy malo. Al menos, viene gente de visita para ver qué ha sido de la playa tras el temporal», destacaba Ramón Álvarez, del chiringuito Ramón de Verdicio. Los socorristas de esta playa, Francisco García y Benito Méndez, confían en que en quince días retiren los troncos que pueblan buena parte de la playa y los restos de cristales que aún permanecen en la arena. «En principio, bañarse es desaconsejable por la seguridad para los usuarios», aseguraba Méndez.
«Los bañistas han cambiado la toalla por la cámara de fotos», bromeaba el responsable de salvamento de Verdicio para referirse a las decenas de personas que se acercan a la playa para observar los daños causados por el temporal, sobre todo en la parte occidental del arenal. En Bañugues, sin embargo, la situación conllevará más trabajo. Las máquinas excavadoras trasladan la arena de la parte más próxima al mar para reponer los enormes socavones originados por el temporal. Los hosteleros de la zona confían en reponerse de las cicatrices del temporal porque la asistencia a la playa de Bañugues se convirtió con el paso de los años en «tradicional».