ECONOMISTA Y EX MINISTRO
Aupó a José Luis Rodríguez Zapatero desde Nueva Vía y fue ministro de Administraciones Públicas y de Economía, hasta que cayó en desgracia por decir lo que pensaba. Jordi Sevilla (Valencia, 1956) abandonó el escaño, dijo adiós a la política y decidió interpretar el papel con el que había soñado: ser escritor de novela negra. «La joven de la foto» (Ellago) es el primer caso de su detective, Ricki Trullos.
-¡Qué callado lo tenía!
-Tenía escrita esta novela, y otra más («El valle del olvido»), desde hace tiempo. No sabía qué hacer con ellas, las metí en un cajón y la vida me llevó por otros derroteros.
-¿Cuándo nació Trullos?
-Hace quince años.
-¿Erró el camino, pues?
-No, pero si hubiera podido vivir de Ricki Trullos seguramente no me hubiera dedicado a la política y no hubiera sido ministro.
-¿Tuvo que ser ministro para encontrar editor?
-Nunca lo sabré. Tampoco lo intenté, porque entonces la novela negra estaba en horas bajas en España. El «boom» de ahora ha propiciado que un amigo editor haya pensado que podía tener su espacio.
-¿Tiene éxito?
-Todavía no lo sé. Un «best-seller» no espero que sea.
-¿Se paseará este verano por las ferias del libro con gabardina y sombrero?
-Ya estuve firmando en la Feria de Madrid y lo haré en la de agosto en La Coruña, donde veraneo.
-¿Cómo es Ricki Trullos?
-En parte, como me gustaría ser a mí. Es una persona con una mirada un poco escéptica, que está de vuelta después de haber ido, pero todavía con la capacidad de entusiasmarse por algunas cosas.
-¿Se identifica con ese escepticismo y estar de vuelta?
-Sí, pero después de haber ido, que mucha gente está de vuelta sin haber ido. Y mantengo el entusiasmo por ciertas cosas: ya voy por la tercera novela de Ricki Trullos.
-¿En qué líos anda metido ahora el detective Trullos?
-Ahora está en Murcia, cosa que no le gusta al editor, y estoy peleando para ver si lo cambio o no. La idea era situar las aventuras donde yo pasara las vacaciones ese verano, por eso ésta primera transcurre entre La Coruña y Madrid. La segunda se desarrolla en Madrid y Extremadura, y Trullos investiga alrededor de una trama franquista y un caso de especulación inmobiliaria.
-¿Por qué La Coruña?
-Porque es una ciudad que conozco muy bien y a la que desde hace treinta años voy todas las Navidades, todas las Semanas Santas y todos los meses de agosto. Mi mujer es coruñesa y veraneamos en Cambre, a diez minutos de La Coruña.
-¿A ella no le molestó que le pusiese su apellido al detective ?
-Empezó como una broma familiar, un divertimento, y me pareció un buen homenaje ponerle su apellido. Raymond Chandler, el padre de Philip Marlowe -el ídolo al que pretendo imitar- ponía a sus personajes nombres de sus amigos y de sus familiares.
-¿Trullos es tan irónico y cínico como Marlowe?
-Me gustaría ser capaz de escribir como Raymond Chandler y que Ricki Trullos se pareciera a Philip Marlowe. Seguramente, me falta talla literaria para conseguir mi objetivo, pero es mi modelo, mucho más que los modelos nórdicos o los británicos.
-Habrá aprovechado para proyectarse, ¿qué tiene Trullos que no tenga usted?
-Quizás él es más escéptico y pesimista que yo. También tiene mucho más coraje y se atreve a hacer cosas que yo no me atrevería.
-¿A qué no se atrevió usted?
-No me atreví a ligar en el tren Rías Altas La Coruña-Madrid. Ni a tirarme en paracaídas o a hacer surf en la playa de La Coruña, cosas que me apetecían.
-Le cuesta escribir escenas de sexo, por lo visto.
-De hecho, en el libro no hay; prefiero sugerir a entrar en detalles.
-¿Haber pasado por el PCE servirá a su experiencia literaria?
-Me ayudará en la tercera novela, es donde más voy a sacar mi experiencia familiar, lo que oía en las sobremesas de mi casa, el ambiente de posguerra que me llegó a través de mi padre y mi abuelo...
-¿Será más reivindicativa?
-Hay una frase de las novelas policiacas británicas y es que cada familia tiene un muerto en el armario. En España hay todavía demasiadas familias con un muerto enterrado en la cuneta y hay que ponerle fin ya de una manera honrosa.
-Dice tener la sensación de haber vivido varias vidas.
-Tengo la impresión de que a lo largo de mi vida hice muchas cosas, de haber tenido varias vidas: cerré muchos capítulos y abrí otros. Tuve mucha suerte, pero me lo trabajé, nadie me regaló nada.
-¿Está dolido?
-Por qué iba a estar dolido si he tenido una vida muy afortunada; no veo razón alguna para estarlo.
-La política.
-No, dediqué muchos años de mi vida a la actividad política y fui ministro, que es a lo máximo que se puede aspirar.
-¿Volvería a hacerlo?
-En las mismas circunstancias, sí, sin lugar a dudas. Si significa dejar ahora mis proyectos para volver, la respuesta es no.
-¿Se fue cansado de que no lo escucharan?
-No, me fui porque pensé que había terminado una etapa y me planteé qué quería ser de mayor. Se me presentó la posibilidad de una nueva vida y el reto me pareció lo suficientemente atractivo como para intentarlo.
-¿De qué tiene más Zapatero, de Maquiavelo o de ingenuo?
-(Risas) Es una persona con una gran preparación. Zapatero es un buen jugador de ajedrez, cosa que se suele olvidar, y eso le da pensamiento estratégico, paciencia, perseverancia, conciencia de que no juega solo en el tablero, y le hace muy apto para la política y para el poder.
-¿Los ministros son adornos?
-No, lo que ocurre es que la acción pública se ha personalizado mucho y ha elevado el peso del líder. Fui ministro y no tuve tiempo para aburrirme.
-¿Le dejó alguna vez con el culo al aire?
-(Risas) No, no tengo esa impresión.
-¿Y de otros sí la tiene?
-Alguna vez tomó decisiones distintas a las anunciadas por el ministro correspondiente. Es un riesgo cuando se ejerce el poder.
-¿Le arrendaría la ganancia a Elena Salgado?
-Ni «jarto» de vino se la arriendo. Es un momento muy difícil. Resulta más fácil ver los toros desde la barrera y decir qué hay que hacer que salir al ruedo a torear el toro de la crisis. No la envidio.
-¿Qué recomienda hacer?
-Continuar las reformas estructurales y no dar la sensación de que las estamos tomando por imposición de otros, sino por convicción, y recordar que el mañana no puede ser igual al hoy ni al ayer.
-¿Un pronóstico electoral?
-Las generales serán en marzo de 2012, no se adelantarán; el candidato del PSOE será Zapatero; el del PP, Rajoy, y el resultado será incierto hasta el último minuto del recuento de votos.
«Zapatero es un buen jugador de ajedrez y eso le da pensamiento estratégico, paciencia y perseverancia»