Oviedo, J. E. MENCÍA
Descartada la candidatura de Francisco Álvarez-Cascos por el PP de Asturias y avalada la decisión, en repetidas ocasiones, por la dirección nacional del partido (tanto Mariano Rajoy como María Dolores de Cospedal y Javier Arenas han dejado claro que la opción que vale es la que diga el PP asturiano, y desde Génova ha trascendido, tal y como adelantó LA NUEVA ESPAÑA, que la candidatura de Cascos ha sido desechada al carecer prácticamente de apoyos internos), los populares trabajan ya para buscar el cabeza de lista más idóneo. Quieren una figura que encarne la imagen de renovación y unidad, dos de los rasgos que más se han echado en cara a Cascos desde el PP al considerar precisamente que carecía de ellos. A la vista está.
¿Y ahora qué? Esa es la pregunta que recorre las sedes populares. Sobre la mesa, varios nombres «candidatables» a los que la dirección popular mide y talla para tratar de desentrañar cuál ofrece mayores garantías electorales. No hay nada decidido, aunque Madrid ha mostrado sus preferencias por una candidata joven con imagen moderna y moderada. Las encuestas indican que el PP obtiene mejor resultado con cabeza de lista poco agresivo, que desmovilice a la izquierda. Se considera que Cascos, como se ha visto, no genera indiferentes y que su candidatura volvería a agitar debates como Gürtel, la guerra de Irak o el «Prestige», debates que harían que muchos votantes de centroizquierda que se iban a quedar en casa para castigar la mala gestión de la crisis económica hecha por el PSOE acudieran a votar para frenar al «dóberman». En IU no lo dudan: «Cascos nos haría casi desaparecer en las urnas porque el elector buscaría el voto útil y se iría al PSOE, en la izquierda Cascos representa la prepotencia del Gobierno de Aznar y recuerda a la derecha más rancia».
Con esas premisas -unidad, renovación, juventud, profesionalidad, trabajo y moderación- trabajan los populares. No hay nadie eliminado, pero las opciones varían.
Ovidio Sánchez. El lavianés, actual presidente del PP, ha dicho que no será candidato. Ha recuperado para el PP el nivel de voto de 1995, el que se perdió luego con la crisis protagonizada por Cascos y Sergio Marqués, pero ya suma tres derrotas, demasiadas. Además, aunque a Gabino de Lorenzo, alcalde de Oviedo, no le desagradaría esta opción (tienen buena relación), la mayoría de los afiliados no entendería que repitiera. No supondría renovación y además ha perdido mucha pluma con esta crisis.
Pilar Fernández Pardo. La líder del PP gijonés y diputada nacional tiene la imagen que demanda Madrid. Licenciada en Medicina y en Derecho, era consciente de que esta crisis podía debilitar seriamente sus opciones y por eso se la ha pasado agazapada sin decir esta boca es mía. La firma del documento de rechazo a Cascos incluso la pilló en Tenerife. Pese al esfuerzo, Pardo es la soga en casa del ahorcado, en la casa casquista y su potencial de consenso está muy debilitado. Otra razón: aseguran que las encuestas le dan muy bien en Gijón y el PP sueña con hacerse con los ayuntamientos de las dos grandes ciudades de Asturias. Problema añadido: si Pardo es candidata, salvo arreglo interno como con Javier Arenas en Andalucía, debería dejar de ser diputada y el siguiente en la lista es José Coto, uno de los expulsados del PP de Mieres.
Joaquín Aréstegui. El de Avilés, portavoz en el Parlamento asturiano, era el hombre en el que había pensado Ovidio Sánchez para la renovación, para la que también sopesó a Fernando Goñi, secretario del PP asturiano, en alguna ocasión. Sin embargo, Aréstegui, uno de los mejores estrategas populares, sangra por la misma herida que Pardo y, aunque ha lanzado guiños al sector crítico, sigue representando la bicha para los casquistas. Además, se le ha achacado cierta falta de control sobre el PP de Avilés, en su propia casa.
Isabel Pérez Espinosa. La portavoz del PP en Oviedo ha visto crecer sus enteros durante las últimas semanas. Bajaba Pardo y subía ella. Abogada, divorciada, con un hijo y bastante carácter, recuerda un poco al perfil de María Dolores de Cospedal. Además es gijonesa y está ligada a Oviedo, algo que ayudaría a superar la tradicional dicotomía astur. En contra, su candidatura haría pensar que De Lorenzo dio el puñetazo en la mesa para imponer a su candidato.
María Teresa Mallada. Si Mallada, líder del PP en Aller, ingeniera de Minas, trabaja en Hunosa, hubiera sido diputada esta legislatura, quizá contara con todas las opciones. Casada en segundas nupcias, madre de dos niños, mantiene buenas relaciones en casi todas las juntas locales asturianas, ya que, como miembro de la dirección regional, se ha encargado del ámbito territorial. En contra: la incógnita de su inexperiencia.
Otros, como el eurodiputado Salvador Garriga, han rechazo esta posibilidad.