ÓSCAR R. BUZNEGO
PROFESOR DE CIENCIA POLÍTICA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
Algunas zonas de la realidad social asturiana permanecen en una especie de penumbra. Por ejemplo, es poco lo que se sabe de cómo pensamos los asturianos del mundo actual o de los asuntos que tenemos en común. De algún modo, somos un enigma para nosotros mismos. SADEI publicó la tercera y última encuesta regional en 1987 y el Gobierno ha renunciado a promover la realización de sondeos de manera regular y poner sus resultados a disposición de los ciudadanos. Las encuestas son el procedimiento más fiable para conocer las opiniones y las actitudes de poblaciones de cierto tamaño. En las sociedades avanzadas constituyen un recurso más que enriquece la vida pública. En Asturias, aún no. Excepto para los partidos, que las utilizan para decidir el mejor candidato en las próximas elecciones, o para el Gobierno, que las pide para saciar el interés por saber qué opinan de él los ciudadanos. En realidad, son los ciudadanos, sobre todo, los que están parcialmente a oscuras. De seguir así las cosas, nuestra región podría convertirse pronto en una excepción. El Centro de Estudios Murciano de Opinión Pública acaba de presentar su barómetro de primavera. Todo esto hace que la publicación de una encuesta por un periódico, la Academia de la Llingua o alguna otra institución nacional, lo que ocurre cada cierto tiempo, en Asturias tenga aires de pequeño acontecimiento.
El Centro de Investigaciones Sociológicas, organismo encuadrado en el organigrama del Gobierno de la nación, expone desde hace dos semanas en su web los resultados del segundo barómetro autonómico. El primero fue realizado en 2005. La continuidad de esta modalidad de encuesta permite, además de recoger el estado de opinión de una sociedad en una coyuntura específica, apreciar los cambios que se producen en las actitudes de los ciudadanos. El documento publicado por el CIS ofrece información sobre la percepción del panorama económico y político, una evaluación del funcionamiento y las perspectivas del Estado autonómico y otros datos de interés, teniendo en cuenta el momento preelectoral que vivimos, referidos al sistema de partidos.
En relación con la primera cuestión, la encuesta depara pocas novedades. Los asturianos, como el conjunto de los españoles, consideran que la situación económica es mala. Citan como mayores problemas el paro, la vivienda, las pensiones y los relacionados con la economía en general. Imputan la responsabilidad sobre ellos al Gobierno de la nación, pero no eximen al Gobierno autonómico. Aunque admiten en su gestión conocimiento de los temas y honradez, le achacan escasa eficacia y poca capacidad para defender los intereses de la región. Con ligeras variaciones, la percepción que los asturianos tienen de su realidad económica ha sido la misma durante las tres últimas décadas. Su pesimismo económico parece ser de naturaleza congénita. Lo confirma el hecho de que la proporción de asturianos que ven la economía regional mal preparada para salir de la crisis es ligeramente superior a la de españoles que opinan lo mismo de la economía nacional.
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