JAVIER RAMOS SABUGO
MÉDICO Y EX ALCALDE DEL PP EN CASO
Pues llego el «final del verano», y ahora «toca». La autoexclusión de Ovidio Sánchez para encabezar la candidatura autonómica, previa laminación de Juan Morales, sumió al PP en la melancolía política de los burócratas del partido. ¿Para que vamos a hacer juntas directivas? Si hubo tiempo para el navajeo interno entre el Juzgado, las gestoras en las juntas díscolas, las escisiones, el barullín en grupos municipales y la Junta General... Dejados hacer por quien verdaderamente tiene el músculo en el partido: Oviedo y Gijón.
Y ahí surge la ilusionante alternativa de Cascos, que, como opción catártica al muermo que invadía a los militantes, simpatizantes y votantes del PP entendíamos que era la mejor opción. Y no sólo para ganar las elecciones, sino también, en el peor de los casos, para hacer la mejor de las oposiciones posibles que también redundaría en el bien de Asturias.
De los apoyos iniciales, entusiastas, de los que cuentan de verdad, el de los alcaldes, las juntas locales, las movidas de los simpatizantes y el silencio de Pilar Fernández Pardo, la más coherente de este culebrón, se ha pasado a demonizar a quien siquiera había había dicho ni mu.
¿Nos van a contar la verdad de lo que paso en el mes de julio?
Y qué espectáculo: los escalabrados de la Junta General, ahora, entusiastas del casquismo; a los «dirigentes», meros colibríes burócratas, se les olvidan sus palabras: el «no creo que haya ningún militante de Avilés que no apoye a Cascos», el «estamos muy ilusionados con la posible vuelta de Cascos» o el «claro que son compatibles Cascos y Pardo»... Y en vista de todo esto, a convocar un fantasmagórico comité electoral que acabó como el rosario de la aurora. Y todo vale, insinuaciones sobre el caso Gurtell, traemos al encargado del botellón de Nuevas Generaciones y le reímos las gracias, vemos a personajillos desmintiendo acuerdos de sus juntas locales, vemos optar por el futuro a quienes llevan mas años en esto que Manuel Fraga, etcétera.
En definitiva, si hay alguien que se atreva a ponerse «las botas del pescador», una vez más seremos como Obama y Hillary con una dosis de Fuenteovejuna, pero, por favor, que no nos pidan ser Mónica Levinsky.