Oviedo, José A. ORDÓÑEZ
El próximo día 10 de noviembre se cumplirán cien años de la fundación del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA). Aquella organización, nacida de la mano de Manuel Llaneza e integrada en la UGT desde 1911, es en la actualidad una federación con presencia en los sectores de la energía, la minería, la química y la industrial textil. Con motivo de su centenario, el Gobierno regional ha distinguido al SOMA-FIA-UGT con la medalla de oro de Asturias, en su condición de referente del movimiento obrero. LA NUEVA ESPAÑA le dedica hoy la serie de reportajes sobre los distinguidos con las medallas de Asturias, cuya nómina se completa con el desaparecido catedrático José María Martínez Cachero; el ex árbitro Mejuto González; el Club Biesca Hockey; la empresa Valle, Ballina y Fernández; el Grupo TSK; la Federación de Centros Asturianos y la asociación «Una ciudad para todos».
Enfrascado en los actos del centenario de la organización y en la preparación de la fiesta astur-leonesa de Rodiezmo, organizada por el sindicato desde 1979 y que tiene lugar mañana, el secretario general del SOMA-FIA-UGT, José Ángel Fernández Villa, asegura que el galardón supone «el reconocimiento a una trayectoria de lucha y compromiso, siempre en la defensa de los intereses de los trabajadores y de las capas desfavorecidas de la sociedad». En este sentido, el líder sindical destaca que esta actividad «se ha llevado a cabo de una manera solidaria, tanto en lo económico como en lo social o en lo territorial, en el marco de la defensa de los intereses del país, de Asturias y de las comarcas mineras».
Fernández Villa, al frente de la organización minera desde hace 32 años, expresa su «gratitud» al jefe del Ejecutivo autonómico, Vicente Álvarez Areces, por el «honor» que supone la concesión de una medalla que, según dice, «sirve de reconocimiento a los hombres y mujeres que han entregado su vida en la defensa de los derechos de los trabajadores, sufriendo en muchos casos represión, cárcel y destierro». Además, el veterano sindicalista señala que la medalla de oro de Asturias «también sirve de acicate para seguir luchando de una manera constante, siempre fieles a unas ideas y a unas formas de actuar basadas en valores éticos y morales, solidarios, humanos, de igualdad y de justicia social».
La distinción del Principado supone el broche de oro a una trayectoria sindical centenaria que arrancó con la fundación de la organización en la localidad mierense de Vegadotos y que, a lo largo de los años, ha protagonizado grandes hitos del movimiento obrero y de la política regional. Así, ya en 1915 consigue la creación de la Mutualidad del Sindicato Minero de Asturias, antecedente directo del actual Montepío, y sólo un año después promueve el programa de construcción de las casas del pueblo. Tras el triunfo en las primeras elecciones sindicales, en 1930, el SOMA ve cumplido uno de sus grandes objetivos iniciales: la apertura del Orfanato Minero Asturiano, una entidad asistencial clave en unos tiempos de altísima mortalidad en los tajos. Sólo un año después fallece Manuel Llaneza, que había llegado a ser alcalde de Mieres. Corría 1931, cuando los trabajadores de la mina lograron por primera vez la semana de vacaciones.
El SOMA participará de forma activa en la Revolución de Octubre de 1934 y en la Guerra Civil, sufriendo muchos de sus afiliados una dura represión. Tras la victoria franquista, el Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias se reorganiza en la clandestinidad en 1946 y va a desempeñar un papel muy destacado en los movimientos huelguistas de 1962 y 1963. Tras la muerte del dictador, celebra en 1976 el primer homenaje a Manuel Llaneza en el cementerio civil de Mieres, cita que se ha convertido en uno de los grandes acontecimientos anuales del sindicalismo asturiano. Al año siguiente, la central organiza su primer congreso desde 1933. En 1978 llega a la secretaría general José Ángel Fernández Villa.
Otro de los grandes hitos en la historia del sindicato es la creación de la fiesta minera astur-leonesa de Rodiezmo, cuya primera edición se celebró en ese lugar en 1979. En la ahora galardonada trayectoria del SOMA también destacan el histórico encierro de Barredo de la Navidad de 1991, las grandes movilizaciones contra el cierre de las explotaciones y la negociación de los planes mineros.