M. J. IGLESIAS / L. A. VEGA
Palomar / Bueño (Ribera de Arriba) / Trubia (Oviedo)
La borrasca «Becky», que entró por Galicia, tiene atemorizados a los vecinos de las zonas que resultaron anegadas por las riadas tanto el pasado mes de junio como la semana pasada. Los vecinos de Bueño y Palomar, en Ribera de Arriba; Trubia, en Oviedo, y San Vicente, en El Entrego, pasan estos días con un ojo puesto en el cielo y otro en el caudal del río. El presidente de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, Jorge Marquínez, anunció la semana pasada graves problemas en las zonas cercanas a los ríos si llovía con intensidad. Y la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) emitió ayer una alerta para Asturias ante la previsión de fenómenos meteorológicos adversos. El fuerte temporal que azota desde ayer la región se recrudecerá hoy en el interior y en la costa con fuertes rachas de viento, lluvias persistentes y olas que pueden llegar a los nueve metros.
José Mauricio Berdiales, uno de los habitantes de San Vicente, tildó ayer de «auténtica vergüenza» las declaraciones del presidente de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico, Jorge Marquínez, quien vaticinó una «catástrofe» en Asturias si se producen nuevas lluvias torrenciales. «Aquí siempre llovió y nunca pasó nada, ahora sólo nos falta que tengamos que temblar cada vez que caigan cuatro gotas», sentenció. Berdiales considera poco serio sacar a colación el cambio climático para justificar los desbordamientos. «Lo que tienen que hacer es limpiar los ríos». Una de sus vecinas, Covadonga García Fernández, de 87 años y enferma del corazón, falleció la semana pasada al no aguantar el impacto de ver su casa de nuevo inundada.
En Ribera de Arriba los vecinos también miraban al río con prevención y respeto. Julián Álvarez García se asomaba al puente de Palomar para corroborar lo que lleva diciendo desde el verano. «La Confederación Hidrográfica no limpia bien los cauces y se producen embudos que impiden al agua discurrir con normalidad».
A unos metros, José Ramón Zapico explicaba que en junio tuvo que pasar varias semanas sin poder entrar en su casa, construida en la vega. «Me quedé en Oviedo; espero que no vuelva a pasar». Ambos están de acuerdo en que lluvias siempre ha habido, pero en los últimos años los problemas son mayores. «Por la falta de cuidados en los cauces».
En Bueño, Sebastián Lobato mostró su temor a una suelta del pantano de Tanes similar a la de junio, cuando el agua le llegó por la cintura y lo dejó incomunicado en su finca. Ayer por la tarde el Nalón bajaba cargado, pero tranquilo. «De momento, la situación no es grave, salvo que llueva mucho hasta mañana», indicó. A su juicio, el «taponamiento» en el puente de Palomar lo provocan las toneladas de madera y residuos acumulados. La tesis la comparte Víctor Tresguerres, ingeniero agrónomo y vecino de Bueño, que reclama el dragado desde hace meses.
En Trubia, María Josefa González y Marta Rodríguez expresaron ayer su indignación con la Confederación por no adecuar la presa que vierte agua al río justo frente a sus viviendas. En junio, a González el agua le alcanzó el alféizar de la ventana. Tiene la casa llena de grietas. «Son de la humedad que producen las filtraciones del río. Hemos mandado un escrito a la Confederación Hidrográfica, pero no ha contestado». Marta Rodríguez vive en un primero y su miedo es que el agua terminé derribando el edificio. «Si pasa algo, nos quedaremos en la calle, nadie nos hace caso», comentó.