J. E. MENCÍA
Quitándose el corsé, soltándose con el volante. Javier Fernández empieza a meterse en la piel del candidato, a sacudirse la presión, a permitirse alguna filigrana... Ayer incluso soltó algo parecido a un eslogan: «Vencimos a la reconversión, venceremos a la recesión y derrotaremos al pesimismo». «Yes, we can». Dicen los que le siguen a todos los actos, los gruppies, que está mejorando. En el Ritz, foro poco acorde con sus principios ideológicos, «se notaba que notaba» la presión, que el acto marcaba un nuevo techo de expectación mediática desde que es candidato. «Tiene mejor perfil para presidente que para candidato», dijo un presente. Como candidato, Fernández sufre la sombra de Areces, el candidato sempiterno. El gijonés hace tiempo que venció a la reconversión, a la crisis y por supuesto no sabe lo que es pesimismo. Coge el automóvil y lo pone a lo que da desde el primer minuto: da igual que se salga en la primera curva.