Oviedo, A. PRADO
El plan de viaje cabía en un billete de avión abierto que valía para catorce vuelos sin fechas. Improvisando el itinerario sin prisa y tomando las decisiones sobre la marcha, Juan Luis García, ingeniero industrial langreano, y su novia Cristina Lucas tardaron un año en agotarlo. Desde enero de 2009 recorrieron dieciocho países de los cinco continentes y han vuelto para contarlo... en verso. Acaban de presentar el relato de su sueño: «La vuelta al mundo en verso», un libro donde los poemas escritos por él y las fotografías que tomó ella retratan las motivaciones que les empujaron hacia la aventura y lo que han aprendido sobre «cómo funciona este planeta». El texto rima porque la poesía, afirma García, «es para mí la mejor manera de transmitir las sensaciones que hemos vivido, la forma óptima de unir las distintas nacionalidades, culturas y formas de vida que hemos conocido».
Salieron de España con mucho miedo, reconocen, y dejándolo atrás casi todo, él tras pedir dos años de excedencia en su trabajo y ella después de abandonar el suyo como gerente de una empresa en Málaga, pero pudo más la certeza de que aquello era lo que de verdad querían hacer. «Nos cuestionábamos una y otra vez si estábamos tomando la decisión correcta», afirma García, pero después de regresar ya sabe que «ha sido la mejor que hemos tomado en la vida». Querían pisar el terreno, vivir la realidad antes de que se la contasen y el libro es su forma de decir que "si quieres, puedes"».
De Brasil a Nepal de Japón a Australia, Juan Luis y Cristina no fueron sólo turistas. Se implicaron en proyectos locales, trabajaron como voluntarios y compartieron muchos momentos con otros viajeros que «acabaron convirtiéndose casi en parte de nuestra familia». «Visitábamos al menos un movimiento social en cada país, para conocer de primera mano los problemas de los pueblos a través de quienes luchan por solucionarlos», pero al final se dieron cuenta de que les faltaba tiempo, de que sus planes de estar un mes en cada país, más o menos, con visitas más fugaces a otros se han quedado cortos. Aquello era «lo mínimo», creían, «para conocer de cerca la realidad». Lo consiguieron en parte, pero también se dieron cuenta de que les faltan muchas realidades por conocer, un año «no es tiempo suficiente. Aún nos queda mucho por recorrer».
Les impresionó especialmente lo que palparon en Myanmar, un país que no estaba incluido inicialmente en su programa de viaje y donde la resistencia de la población a casi cinco décadas de férrea dictadura les llevó a prestar su apoyo a la ONG Colabora Birmania y a ceder algunas fotografías para un calendario solidario.
Pero en este capítulo de las sorpresas también cabe España. La que dejaron al marcharse y la que se han encontrado a la vuelta. «Nos fuimos en enero de 2009», rememora Juan Luis García, «en un momento muy malo. La crisis estaba en su punto más álgido, o eso creíamos, y el decaimiento era generalizado. Entendíamos que no estaríamos para ver lo peor y que a la vuelta todo habría pasado. Nada más lejos de la realidad, al volver nos hemos encontrado a nuestros amigos y familiares muy quemados, con falta de ilusión. Esto nos anima a buscar nuevos modelos de vida, que realmente son posibles».