ZP ha vuelto a sacar del armario el talante, en el mejor estilo vintage. Desde luego, el talante ya no es lo que era, una mezcla bien intencionada de distensión, frescura, buenas maneras y afán de diálogo, con un guiño juvenil. Un septenio después, ZP sigue ahí, tras haber superado, como el mismo ha dicho, todas las pruebas de resistencia, pero eso nunca ocurre de balde. ZP ha sido acosado hasta la extenuación -víctima tanto de su admirable valentía al extender los derechos civiles como de algunos clamorosos errores al administrar las cosas- y ningún cuerpo es el mismo después de semejante castigo. Ahora lo que sobrevive del talante es sólo la buena educación de no insultar, no escupir y no dejar de sonreír. Aunque se dirá que es poco, la política anda tan necesitada de buenas formas, y tan sobrada de buenas intenciones, que este talante jibarizado es más de agradecer que el primero.