Oviedo, P. G.
La fusión de Caixanova y Caixa Galicia, apadrinada por el presidente del Gobierno gallego, Alberto Núñez Feijóo (PP), va camino de convertirse, según los expertos, en un buen ejemplo de por qué los políticos deberían alejarse de la gestión de las cajas de ahorros. Propuesta inicialmente como una forma de proteger los intereses de Galicia frente al probable desembarco de otras entidades -al principio de la operación se especuló con que Rodrigo Rato y Caja Madrid tenían previsto tocar a la puerta de las cajas gallegas en el proceso de creación de Bankia-, ambas cajas decidieron unirse bajo el nombre Novacaixagalicia y evitar la entrada de otros competidores. Después de catorce meses para fusionarse y de otros seis para convertirse en banco, el pasado jueves el consejo de administración acordaba la creación de NCG Banco.
Al frente de la nueva entidad no estarán sus anteriores responsables, sino que ha pasado a manos del presidente de ONO y ex directivo de Inditex, José María Castellano, que gestionará el negocio financiero de la caja y ya busca inversores en América para aliviar la situación económica de la entidad. El nuevo banco controlará el 42% del mercado gallego.