Cascos, a quien felicito y le deseo éxito al frente del Gobierno de Asturias, ha hecho un planteamiento regionalista en su discurso de investidura en línea con otros realizados durante su campaña electoral. Creo que existe una contradicción entre este planteamiento de Cascos, legítimo, y su larga biografía política, principalmente en los ocho años de gobierno del Partido Popular en los que él fue vicepresidente y ministro de Fomento. Durante esos años Asturias no contó con ese partido regionalista y no por ello nuestra región fue maltratada por el Gobierno, más bien al contrario. Asturias es maltratada cuando un Gobierno de España débil se somete a los dictados de los nacionalistas de cualquier comunidad autónoma. Lo que se llevan Cataluña y el País Vasco al romper la solidaridad y la unidad de España nos lo quitan, entre otros, a los asturianos.
Asturias necesita un Gobierno fuerte en España que preserve la unidad de nuestro país y que impida que el chantaje nacionalista destruya la solidaridad que necesitamos regiones como la nuestra, con poca población y envejecida y con una situación geográfica y económica alejada de los ejes de desarrollo.
Llevamos todas las de perder en un pulso nacionalista y regionalista y tenemos mucho que ganar con un Gobierno fuerte en España que no necesite en el Parlamento los votos nacionalistas y regionalistas, un Gobierno que reconduzca los excesos de las autonomías y que, como decía recientemente Esperanza Aguirre en FAES, devuelva al Estado parte de las competencias transferidas a los gobiernos autonómicos.
Ese Gobierno fuerte es el que va a salir de las próximas elecciones generales iniciando la recuperación de la crisis. Un Gobierno del Partido Popular presidido por Mariano Rajoy. Ésta es una idea en la que Cascos creía hace un año. Yo sigo creyendo en ella y cada día con más intensidad.