Catedrática de Derecho Internacional Público y candidata al Rectorado de la Universidad de Oviedo
Oviedo, Pablo GALLEGO
La próxima primavera la catedrática de Derecho Internacional Público Paz Andrés intentará, por segunda vez, convertirse en la primera rectora de la Universidad de Oviedo. «Aunque hay un déficit importante en el número de catedráticas, las mujeres somos mayoría en todos los colectivos de la Universidad española, así que ya va siendo hora de que haya más rectoras», afirma. En mayo de 1980 Andrés (Oviedo, 1953) fue también la primer mujer licenciada en Derecho en Oviedo que se convertía en doctora por la misma facultad. Dice no temer a los retos. Por eso considera que es el momento de presentar una candidatura «inspirada por el trabajo de los últimos cuatro años». «La inteligencia emocional de las mujeres será útil para dialogar y lograr acuerdos en una institución como ésta», defiende.
-¿Hasta ahora no se ha hecho?
-En absoluto. Este rector tiene poca cultura democrática, no sabe convivir con la pluralidad. Hace comentarios injustos que resultan molestos, y pierde su presunto buen talante en cuanto se le manifiesta una opinión que no coincide con la suya. Es una cara distinta a la que muestra normalmente, pero es una cara real.
-Vicente Gotor es catedrático de Química, y usted, de Derecho. ¿Comparte la opinión de quienes dicen que el Rectorado ha dado la espalda a las letras?
-El ejemplo del rector es siempre un laboratorio, pero en la Universidad hay muchas otras áreas de investigación. No se valora lo suficiente a las Humanidades. La muestra es cómo se realizó la fusión de centros. Fue especialmente torpe, sin escuchar ni valorar el trabajo de adaptación al «plan Bolonia», que ya se había hecho y estaba muy avanzado.
-El informe de la «Estrategia Universidad 2015» ha puesto la fusión de centros como ejemplo.
-Sí. Pero no señala que se hizo a la trágala, sin partir de un mapa global de centros y titulaciones. El resultado ha provocado problemas tremendos. Tanto a los profesores y al personal de administración como a los alumnos, que tienen que ir a clase en horas seguidas en edificios distintos. El informe también recomienda fusionar universidades. Habrá que estar atentos, no vaya a ser que nos sorprenda, habida cuenta de la capacidad que tiene para asumir las propuestas que vienen de fuera.
-Dice que la implantación del «plan Bolonia» es manifiestamente mejorable.
-Se ha hecho a golpe de burocracia, y llega a extremos desesperantes. Los profesores han estado meses concentrados en elaborar guías y rellenar estadillos. Están desanimados.
-¿Y los alumnos?
-Decepcionados. Están en grupos de tamaño imposible, en aulas incómodas y sometidos a múltiples y variadas exigencias, según cómo cada profesor haya entendido el proceso de Bolonia: exámenes, trabajos, seminarios... Están desbordados, y tampoco sienten que, como consecuencia, su formación sea mejor.
-Parece que quiera capitalizar el descontento. ¿Cómo lo habría hecho usted?
-Es que el descontento es la realidad. La modernización de la Universidad es posible, y puede hacerse preservando las funciones esenciales de la institución, que son el desarrollo del saber científico y la transmisión del conocimiento. Esa modernización debe ser compartida, debatida y asimilada por los miembros de la comunidad universitaria. Es la única garantía de éxito. A partir de ahí podrán tomarse medidas para rectificar el rumbo y mantener el prestigio que esta Universidad siempre ha tenido.
-Dice que hay que «racionalizar» la adaptación a «Bolonia».
-Por ejemplo, valorando de otra manera la carga docente del profesorado. No se puede seguir olvidando deliberadamente que la adaptación va asociada a una carga de trabajo que debe computarse. También reduciendo el tamaño de los grupos, para favorecer una relación entre profesores y alumnos más flexible, que realmente permita una evaluación continua. Todo en aulas preparadas para los nuevos sistemas pedagógicos, sin ordenadores que tarden un cuarto de hora en encenderse.
-Eso cuesta mucho dinero.
-El Estado y la comunidad autónoma tienen que hacer un esfuerzo permanente para financiar adecuadamente a la Universidad. Es un servicio público, y no debe olvidarse. Establecer un sistema de financiación por objetivos parece algo razonable. Por otro lado, es cierto que debemos hacer un esfuerzo por captar recursos privados.
-¿Qué opina del traslado de Medicina al nuevo hospital?
-Lo que hay que hacer es tener en cuenta la opinión del centro, y parece claro que es ésa.
-¿Hay alguna titulación que le gustaría traer a Asturias?
-No se puede pretender impartir todas aquellas titulaciones que los asturianos quieran cursar. Lo importante es ofrecer calidad.
-¿Plantea suprimir alguna?
-No hubo directrices, y se permitió que salieran los grados que cada centro fue proponiendo. La normativa dice que pasados unos años habrá que valorar cada titulación, así que habrá que esperar y, a la vista del resultado, tomar decisiones.
-El Gobierno regional plantea una Politécnica privada en Gijón.
-Ya tenemos una excelente Politécnica. Lo que hay que hacer es reforzarla. Cualquier otro enfoque sería empobrecedor.
-Usted ha sido muy crítica con la actual política de profesorado.
-Es que es nefasta. Fundamentalmente está basada en la contratación de mano de obra barata a través de la figura del profesor asociado. Hay profesores que invierten un elevadísimo número de horas para terminar cobrando 600 o 300 euros. En un momento clave para la Universidad se está recurriendo a profesorado para salir del paso. Uno de los objetivos de las jubilaciones voluntarias con incentivos era rejuvenecer la plantilla, y no se ha conseguido porque sólo se ha utilizado la figura del profesor asociado, que es coyuntural. El rector ha llegado a decir que «son sólo dos años» y que «aguantamos como podemos», pero la calidad hay que garantizársela a todos. Me preocupan especialmente los jóvenes que acaban su tesis y no se les ofrece un camino para continuar su carrera académica.