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Antón Uriarte: «España no se va a desertizar»

El climatólogo, escéptico con las teorías sobre el calentamiento global, responsabiliza de ellas a las empresas por «intereses económicos»

 
El climatólogo Antón Uriarte, en la terraza del Auditorio de Oviedo. / miki lópez
El climatólogo Antón Uriarte, en la terraza del Auditorio de Oviedo. / miki lópez 

Oviedo, Pablo GALLEGO


A Antón Uriarte y Cantolla (San Sebastián, 1949) ir a contra corriente le ha causado algún pequeño disgusto. «Hay algunos ecologistas muy fanáticos que piensan que me pagan las multinacionales petroleras», confiesa, «cuando es al revés: si eres un escéptico no te quiere nadie». Aunque su especialidad es la historia y la evolución del clima en la Tierra, desde hace varios años la imagen y la voz de Uriarte se asocian con duras críticas a la teoría del calentamiento global. En particular, contra quienes aseguran -según él, sin datos fehacientes- que la acción humana y el dióxido de carbono (CO2) son, sobre todas las cosas, sus principales responsables. «El clima ha cambiado siempre, desde el principio del planeta, y ahora también», afirma rotundo. Contra el fanatismo, receta cordura. «España no se va a desertizar, es un mito», asegura.


Uriarte repasa sus argumentos contra quienes ven en las catástrofes naturales un adelanto del fin del mundo mientras toma un café rápido en la terraza del Auditorio de Oviedo. El climatólogo es la estrella del XI Encuentro Nacional de Aficionados a la Meteorología que, hasta hoy, se celebra en la capital del Principado. Dos decenas de entusiastas del clima y sus circunstancias, mayoritariamente hombres, reunidos para escuchar y debatir, entre otras, las ideas de Uriarte, resumidas en la ponencia inaugural del encuentro titulada «El cambio climático. Ni tanto, ni tan malo». «Ni es verdad que las precipitaciones hayan disminuido en España, ni que se hayan concentrado en algunas zonas», añade.


Según Uriarte, doctor en Geografía por la Universidad de Zaragoza y catedrático en la del País Vasco, la alarma social causada por los cambios en el clima no es desinteresada. «Hay un interés económico tremendo», denuncia, principalmente asociado al desarrollo de las energías eólica y solar y, sobre todo, «al lobby nuclear francés». En su opinión, la posibilidad de que la actividad humana sea capaz de alterar la composición de la atmósfera mundial, teoría con la que comulga la Organización de las Naciones Unidas (ONU), está «sobredimensionada». «Y a la gente», continúa, «se le ha metido mucho miedo».


Ligar las imágenes de desastres naturales que pueden verse en la televisión con el calentamiento global causado por el hombre conduce, según el climatólogo, a la preocupación que rodea a un fenómeno sobre el que, opina, influyen otras muchas cosas. «Hay variaciones en la nubosidad ligadas con el clima de las que desconocemos las causas y cambios en las corrientes oceánicas que pueden estar contribuyendo a que el calor del fondo marino salga hacia la atmósfera», apunta, «todos ellos mucho más importantes que el CO2, al que se le echa la culpa de todo». «En realidad», continúa, «lo bueno es que el planeta se caliente un poquito, porque así sería un poco más húmedo, y eso es bueno, la historia del clima lo demuestra», explica.


Durante las preguntas que siguieron a la conferencia, uno de los aficionados pidió a Uriarte que explicase por qué el 6 de abril y el 6 de octubre de este año Asturias registró casi la misma temperatura, por encima de los 31 grados centígrados. El viento Sur fue, según el climatólogo, el responsable, y no el calentamiento global. «Pasa a veces en otoño, cuando las borrascas se concentran en el oeste de la Península. Los aristócratas ingleses ya venían en el siglo XIX a Biarritz para aprovechar estos octubres tan buenos», añade.


Más allá del Protocolo de Kioto -fruto del acuerdo internacional para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero-, y con las compañías invirtiendo sumas millonarias en el desarrollo de mecanismos energéticos alternativos, Uriarte está seguro de que los combustibles fósiles, como el carbón, «no se van a acabar». «Estados Unidos tiene estudios que le aseguran suministro suficiente para los próximos 250 años, y las técnicas de extracción han mejorado mucho», explica.


Con minas a cielo abierto que reducen el peligro de accidentes mortales y nuevas formas de recuperación del terreno, Uriarte recomienda prestar más atención al gas a la hora de buscar un nuevo mix energético. La clave, explica, será la fracturación hidráulica, técnica que permite extraer el gas encerrado en poros o pequeñas grietas en las rocas del subsuelo. «Para eso ha ido el lendakari Patxi López a Estados Unidos», afirma. De los pozos de gas natural no convencional de Álava se obtendría la cantidad de gas natural suficiente para abastecer al País Vasco durante 60 años.

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