Oviedo, F. VALLINA
«En sus lugares de origen las familias decían que sus hijas estaban de viaje en el extranjero, de vacaciones en cualquier sitio, haciendo cursos de mecanografía o estudiando idiomas, pero en realidad estaban encerradas en el convento de Valencia sin poder salir y obligadas a entregar a sus hijos a otras familias sin poder oponerse», aseguró Mercedes A. V.
La portavoz del colectivo de afectados sostiene que las chicas «pasaban el embarazo en un ambiente de tristeza, complejo de culpa y de presión psicológica». Mercedes A. V. señala, además, que algunas de las madres que ya se han puesto en contacto con ellos afirman que «lloraron muchísimo» antes y después de pasar por el paritorio. «Una de ellas nos contó que estuvo hasta las cinco de la madrugada llorando para que le dieran a su hijo, pero ya se lo había llevado un matrimonio».
Según Mercedes A. V., los padres se hacían cargo de todos los gastos derivados de la estancia de sus hijas en el convento y de los generados por su cuidado sanitario, aunque los matrimonios que recibían a los bebés «también ponían dinero de sus bolsillos, aunque no figurase como un pago», lo que, según la portavoz, «demuestra que había ánimo de lucro». «Por poner un ejemplo, tenemos constancia de una supuesta donación para cirios de 50.000 pesetas de la época», afirmó Mercedes A. V.