Los vecinos, indignados, piden limpiar el Sella

La crecida del río inunda el barrio de El Barco de Arriondas, casas en diferentes localidades de Ribadesella y garajes y sótanos en varios municipios - Las inundaciones destruyen numerosos cultivos y obligan a cortar un carril de la N-634 a su paso por Llovio, así como varias carreteras locales

 03:18  
Roberto Capín, ayer, en L´Alisal. | p. martínez
Roberto Capín, ayer, en L´Alisal. | p. martínez 
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Ribadesella / Arriondas,
P. MARTÍNEZ / A. SÁNCHEZ / J. M. CARBAJAL / R. DÍAZ
«Estamos abandonados, se han gastado cientos de millones desde la anterior riada, pero aquí no han venido ni con el carretillu». Las palabras de Jesús Suárez eran corroboradas por José Antonio Busto. Ambos tenían, al mediodía de ayer, inundadas sus respectivas casas, en Santianes, Ribadesella. El primero, con más de un metro de agua; el segundo, con la mitad. Casas inundadas, cultivos arrasados, invernaderos inundados, garajes anegados, los centros escolares cerrados de Arriondas y el Hospital del Oriente preparado para la evacuación. Las crecidas de los ríos Sella, Deva y Piloña provocaron serios daños en algunos puntos de la comarca, principalmente en los municipios de Parres, Cangas de Onís, Ribadesella y Peñamellera Baja.

En Ribadesella, los daños se concentraron en diferentes puntos de la zona rural, en varias carreteras y en el puerto pesquero. Las localidades más afectadas fueron Santianes, donde el agua anegó varias casas; en Truyes, donde inundó tres viviendas, casi cubrió la caseta de un perro y un pequeño parque infantil. Además, un carril de la N-634 permaneció cortado a su paso por Llovio entre las 22.30 horas del lunes y las 11.00 horas de ayer. En el pueblo de Alea se descalzó parte de la carretera, que se cortó parcialmente, aunque no impidió la circulación de coches. En la villa, la Policía Local tuvo que acordonar una zona del puerto pesquero, en el inicio del paseo de La Grúa, por el desprendimiento de una parte del muro portuario.

Una de las zonas más afectadas en Ribadesella fue L'Alisal, en la margen izquierda del río, desde donde el agricultor Roberto Capín enumeraba «cuatro inundaciones en un año y medio». Esta última le dañó «el cultivo de los invernaderos y tres hectáreas de manzanos de sidra», ya que el resto de las fincas estaban vacías de cultivo por la fecha. Capín aún no se ha recuperado de las riadas anteriores y tampoco ha podido acercarse a sus tierras para evaluar los últimos daños. En junio de 2010 fueron de 240.000 euros -de los que cobró 21.000- y ahora sabe que ha perdido, de momento, 4.000 docenas de lechugas, de las que calcula que el seguro le abonará en torno al cincuenta por ciento. En las pomaradas espera «algún daño, porque son árboles jóvenes, pero todavía no los pude ver», explicaba al mediodía.

El agricultor riosellano aseguró que «si los ríos estuvieran como tienen que estar, no tenía por qué haber esta situación. Que el Sella estuviera desbordado sí, pero no con metro y medio de agua». Según Capín, parte de la solución está en un buen dragado y limpieza del cauce del río, pues en las dos últimas décadas el nivel del río subió «entre metro y medio y dos metros y aquí nunca se hizo nada, nunca se vino a sacar nada». Explicó que hace unas décadas para cruzar el río de L'Alisal a Llovio había una barca. «Ahora puede cruzarse en zapatillas», indicó. Lo peor es «que no salimos del invierno sin tener otra», añadió.

También sufrió perjuicios económicos José Antonio Otero, un ganadero de Cueves del Agua, que vio cómo sus doce hectáreas de pasto junto al río se convertían ayer en parte del cauce del Sella. Aseguró que, de momento, tiene para alimentar a sus animales, pero el problema vendrá «más adelante, cuando tenga que sembrar otra vez o comprar». Otero no sabía ayer «cómo va a quedar», aunque sí tenía la certeza de que, «de momento, inservible. En una temporada no va a producir nada». Subrayó, además, que las riadas dejan un barro «que tarda mucho en irse, tiene que llover mucho» y, por lo tanto, dificulta el crecimiento de nuevos pastos. Él también es partidario de un buen dragado: «el río tiene mucha falta de limpieza y lo lógico es que empiecen por abajo, no por arriba como hicieron».

Los vecinos de Triongo, en Cangas de Onís, que apenas si habían dormido en la madrugada de ayer, veían con alivio cómo el Sella iba retirándose en la tarde de ayer, poco a poco, a su cauce habitual. Herminia Fernández Iglesias, pese a que vive relativamente lejos del Sella, al otro lado de la carretera N-634, ve cómo cada vez que la vega se inunda, un colector desagua hacia su casa. Ya en 2010 fue una de las más perjudicadas, pues durante diez meses ella y su marido tuvieron que vivir en una casa de alquiler, mientras reconstruían la suya. «Somos los únicos que tenemos el agua en casa sin estar al borde del río», se lamentaba la mujer ayer, aún sin saber los daños que habían provocado estas dos inundaciones seguidas del pasado domingo y la madrugada del lunes en el la planta baja de su casa. Resaltó que en 59 años que lleva viviendo en la localidad nunca vio riadas en el mes de febrero.

Todos los vecinos apuntan como causa de las inundaciones a «la isla» que se fue formando durante años por los sedimentos arrojados por una cantera situada al otro lado del río, que provocó la desviación del cauce y «echa el río hacia el pueblo». El Sella, además, les va robando terreno y, si no se remedia, con el tiempo «se comerá la nacional», auguran.

En el barrio de El Barco, en Arriondas, donde se encuentran numerosos casas y la zona escolar, el agua no llegó a traspasar el muro del cauce del río como en el 2010, pero las filtraciones por las intensas lluvias provocaron inundaciones que impedían entrar a los vecinos con normalidad a las casas. Los centros escolares siguen cerrados .

Muchos vecinos de El Barco, aún con el recuerdo de la «riadona» del 16 de junio de 2010, pasaron las últimas noches en casas de familiares o amigos. María Isabel de Dios Suco, que ya lo perdió «todo» una vez, prefirió contemplar con su familia la subida del agua desde las ventanas de su piso y esperar. En Cangas de Onís se inundaron varios garajes. Y en Panes, la zona deportiva, el área de La Brañona y el jardín botánico.

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