ARTURO ROMÁN
Lo que la política separe, que lo una el frío. Esto es lo que pasó ayer durante la primera jornada de la eliminatoria de la Copa Davis disputada en el Palacio de los Deportes de Oviedo. El presidente del Principado, Francisco Álvarez-Cascos, y el alcalde de Oviedo, Agustín Iglesias Caunedo, mantienen una gélida relación política desde que el primero diese portazo en el PP para liderar ese partido que tiene sus iniciales por nombre. Ayer estaban en el palco presidencial separados sólo por el presidente de la Federación de Tenis como fuerza de interposición enviada quizá por la ONU. Al final no hizo falta y los dos charlaron amigablemente como viejos amigos. Algunos comentaron que el frío que había en el Palacio les unió como buenos compañeros de penurias.