Oviedo,
J. E. M./ J. A. A.
Los descartes de las listas electorales son un trago para Javier Fernández, según aseguran en su entorno más próximo. El líder de los socialistas asturianos, que volvió con energías renovadas del congreso federal de Sevilla, se enfrentó poco después a «los peores y más amargos días», en los que tuvo las «manos libres» para decidir sobre la configuración de las candidaturas en las circunscripciones central, oriental y occidental.
«No le gusta esa tarea», afirmaron a este periódico desde el entorno del candidato a la Presidencia del Principado. La elaboración de la candidatura autonómica del PSOE ha supuesto la renovación de nueve de los quince diputados. Y para que unos entren otros tantos tienen que salir.
Comunicar el descarte a compañeros que llevan muchos años de dedicación al partido y a la política se convierte en una tarea especialmente ingrata. «Resulta muy difícil comunicar a la gente que ya no cuentas con ellos», aseguran las mismas fuentes. Sobre todo, cuando se es consciente de que ese relevo, en algún caso, puede suponer «un drama personal». Desde que Javier Fernández llegó a la secretaría general de la Federación Socialista Asturiana, en 2000, ha tenido que tomar decisiones sobre listas y compañeros de ejecutiva, pero en esta ocasión se ha enfrentado a la más amplia renovación en una candidatura autonómica. «La gente nunca percibe cuándo se acerca su final en un puesto político», dicen en el entorno del candidato, una circunstancia que añade más dificultades a la tarea de comunicar los descartes. «Se trata de compañeros de partido, que sienten las siglas del PSOE», afirman.
Y ni siquiera la timidez de Javier Fernández, que en ocasiones puede parecer distancia, es capaz de ocultar sus emociones. Muchos aún recuerdan el sentido abrazo que el secretario general de la FSA dio en un mitin de la anterior campaña autonómica, en el polideportivo de Vallobín, a Ramón Quesada, un estrecho colaborador con el que tuvo diferencias a cuenta de la Agrupación de Oviedo y que fallecería poco después, víctima de una grave y rápida enfermedad.