La reducción de Foro

El perfil del partido de Cascos se desdibuja

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La reducción de Foro
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ÓSCAR R. BUZNEGO Según A. Panebianco, existen unos partidos, a los que denomina «carismáticos», diferentes a todos los demás, que tienen en común entre sí el haber sido fundados por su líder único y actuar desde el principio como un mero instrumento político del mismo. La fidelidad a ese líder es lo que mantiene unidos a tales partidos. El líder decide sobre la carrera política de sus miembros con amplísima discrecionalidad. Estos partidos prescinden de una gran burocracia; la improvisación es su regla organizativa básica, de ahí su inestabilidad intrínseca. El gran politólogo italiano concluye así su caracterización: «Cualquiera que sea la orientación ideológica de un partido carismático, es consustancial a su naturaleza la insistencia en el carácter antipartido y de movimiento de la organización». «En la mayoría de los casos», finaliza, «ésta se disuelve con el eclipse político de su fundador».

La definición, formulada en 1982, parece una descripción precisa del partido de Álvarez-Cascos. Aún no ha transcurrido el tiempo suficiente para confirmar todos los requisitos del concepto, pero algunos rasgos de Foro son perfectamente reconocibles. Se trata de un partido con un mínimo desarrollo organizativo, en manos de su creador y líder incuestionable, que se refiere a él como un «movimiento de rebeldía cívica» y recurre con frecuencia a una retórica antipartidista, eso sí, conforme con el orden constitucional.

Foro no surge de sectores de la sociedad asturiana que aspiran a una representación política de sus intereses y valores, ni para aprovechar la oportunidad de ocupar un espacio político disponible, sino por las pretensiones de liderazgo de su líder frustradas dentro del PP. Asturias es una de las comunidades donde la vida interna de la organización derechista ha sufrido mayores convulsiones en los últimos quince años. La disciplina y la unidad que han distinguido el liderazgo ejercido por Aznar no han sido la norma en el PP asturiano, en cuyos avatares el mismo Álvarez-Cascos ha asumido un papel muy protagonista.

Una vez fundado, fue preciso dibujarle a Foro un perfil propio, que ayudara a diferenciarlo del PP, del que procedía. Así apareció el nuevo partido como asturianista y reformista, jugando con una calculada ambigüedad con el regionalismo conservador de hace un siglo y el recuerdo del primer Melquíades Álvarez, de discurso liberal y anticaciquil. Era un intento de desplazar al PP y al PSOE abrazando a todos los disidentes del bipartidismo, una manera de ensanchar el espacio electoral propio en distintas direcciones. El dibujo que Álvarez-Cascos hizo de Foro captó la atención de los asturianos, visiblemente molestos con la gestión que los dirigentes políticos habían venido haciendo de los intereses regionales, malestar que la crisis transformó en irritación, y gracias a la mezcla de lo uno y lo otro obtuvo un éxito electoral incomparable.

Pero han bastado unos meses de ejercicio en el Gobierno para que el perfil de Foro se haya desdibujado casi por completo. Del asturianismo sólo quedan sus demandas al Gobierno de Rajoy, al que, por otro lado, apoya en las iniciativas de mayor calado. El reformismo se ha traducido en unas cuantas decisiones cuyos efectos se han evaporado en medio de la polémica que han generado. El objetivo de presentar una lista por Madrid en las generales de noviembre provocó confusión en los electores asturianos. Su competitividad electoral está dirigida, sobre todo, a imponerse al PP. Lejos de facilitar la convivencia política con el resto de partidos, otras organizaciones y la sociedad en su conjunto, con los que no se comunica, su actitud desairada lo ha condenado a un total aislamiento.

Foro ya no es siquiera lo que fue en sus orígenes. Suele ocurrir con los partidos carismáticos. El encantamiento que produce inicialmente el carisma del líder es imposible de sostener por mucho tiempo. Los mítines de Álvarez-Cascos son los más concurridos, pero las encuestas, a pesar de su empeño en desacreditarlas, advierten que los asturianos no están satisfechos con el rendimiento de su Gobierno y desean un cambio. El apoyo electoral a Foro ha disminuido a la mitad en las últimas elecciones celebradas y la valoración de su líder ha empeorado de forma notable. Más que las posibilidades de victoria, las elecciones del domingo miden la capacidad de resistencia de los aún numerosos incondicionales de Foro. Y, de paso, la tendencia al riesgo de los votantes asturianos.

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