El infiltrado

De cómo Cascos ayudó a la victoria del PSOE cada vez que el PP pudo ganar en Asturias

 
El infiltrado
El infiltrado  

GONZALO M. PEÓN Los socialistas asturianos ya buscan fecha para entregar a Francisco Álvarez-Cascos su medalla de honor con mención especial Pablo Iglesias y laureada de Manuel Llaneza. Nunca nadie desde el inicio de la democracia trabajó tanto e hizo tantas cosas en favor de los intereses del PSOE en Asturias. Su currículum laboral en ayuda a la Federación Socialista Asturias es inestimable.

Destacados líderes del PP asturiano buscaban ayer en los archivos del partido el origen de la colaboración de Cascos con el PSOE. Unos sospechaban que es un agente infiltrado desde su llegada a la antigua Alianza Popular durante la transición, hace ya más de tres décadas. Otros pensaban que los socialistas lo ficharon más adelante, tras su llegada a la secretaría general del PP. Pero en lo que todos coincidían es en que, cada vez que el centro derecha tuvo alguna opción de gobernar en Asturias, Cascos se encargó de impedirlo.

Primero tras las elecciones de 1995, cuando Sergio Marqués alcanzó la Presidencia regional con un gobierno en minoría en la Junta. Contra todo pronóstico, Marqués logró afianzar su gobierno y empezó a aprobar leyes y presupuestos con el apoyo de los asturianistas y de un diputado rebelde de IU. Además, el país avanzaba subido a la ola popular que dio la mayoría absoluta a Aznar en el año 2000. Si ningún cataclismo lo impedía, Sergio Marqués podía revalidar su cargo en las elecciones autonómicas de 1999. Así que allí apareció el entonces todopoderoso Francisco Álvarez-Cascos, vicepresidente y aún secretario general del PP, para dinamitar al PP asturiano al grito de «vale más partido sin gobierno que gobierno sin partido». La historia acabó con la única mayoría absoluta de la larga vida política de Vicente Álvarez Areces y doce años de gobiernos socialistas. Un triunfo para el PSOE y un fracaso para el PP asturiano, que inició una larga y dura travesía por el desierto.

Apartado del núcleo duro del poder en el PP, primero por Aznar y luego por Rajoy, Cascos anunció su retirada de la vida política en 2004. Un grupo de militantes del PP pidieron su vuelta a Asturias para encabezar la candidatura popular a la Presidencia del Principado en las autonómicas de 2007. Pero él rechazó la posibilidad.

Cambiaría de opinión poco más tarde. En 2010 la crisis había hundido las expectativas electorales del PSOE en toda España. Además, en Asturias el «régimen» organizado por Álvarez Areces se tambaleaba zarandeado por el «caso Marea» y las sentencias contra el «dedazo» en la designación de los altos cargos y medios de la Administración autonómica. La victoria del PP en las autonómicas de 2011 estaba cantada. En ese momento Cascos sí quiso ser el candidato y mandó a sus más fieles a pregonar la buenanueva por toda Asturias. Los líderes del PP asturiano sospecharon desde el principio de las intenciones del ex ministro de Fomento, pero su insistencia fue tanta que le dijeron que sí, que podía ser el candidato si quería. Problema: si aceptaba, ganaría las elecciones y el PP desalojaría al PSOE. Su respuesta fue que no se lo pedían suficientemente alto y claro, que fuesen a cantarle las mañanitas al balcón de su casa. En Madrid, por supuesto. Ya estaba el lío montado, el PP roto entre partidarios y detractores del veterano «general secretario».

El siguiente paso fue marchar del PP y montar su propio partido. El PSOE no ganaría las elecciones de 2011 ni así, pero tampoco el PP. El centro derecha, si el Foro de Cascos entra en esa categoría, logró 26 diputados. En el PP ya se veían en el poder, aunque fuese como socios minoritarios de la nueva fuerza emergente. Pero Cascos prefirió gobernar en solitario. Luego presentó un presupuesto hinchado, imposible de aceptar por un PP ya en el Gobierno nacional predicando la máxima austeridad. Fue la disculpa perfecta para convocar elecciones y dejar esos 26 diputados en solo 22. El PSOE, sin posibilidades hace un par de años lastrado por Zapatero y Areces, ya está a un paso de recuperar la Presidencia del Principado. Depende del único escaño de UPyD, que debe decidir entre el guirigay montado por Cascos y la seriedad -guste más o guste menos, pero seriedad- de Javier Fernández.

Un gran trabajo de Cascos a favor del PSOE asturiano que bien merece una recompensa de éstos.

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