La papeleta del PP

El fracaso de los populares en las elecciones asturianas y su debilidad estructural

26.03.2012 | 05:47
La papeleta del PP
La papeleta del PP

El escrutinio del 25-M, como un juego de muñecas rusas: cuánta participación, quién y por cuánto gana, quién vence en la derecha, quién gobierna. Todas las encuestas dibujaban un paisaje de incógnitas sucesivas, en el que cada respuesta, igual que sucede en los cestos de cerezas, enganchaba la siguiente cuestión.


La primera contestación era necesaria para evaluar la desafección ciudadana; también, para comprobar qué interés suscitaba una convocatoria exclusivamente autonómica -por primera vez, las elecciones regionales no coincidían con las municipales ni eran simultáneas con otras autonomías, salvo con Andalucía- después de varios meses de inestabilidad institucional, culminada con el rechazo a los Presupuestos. Era, sin exageraciones, un control de calidad democrática: los electores tenían ante sí la oportunidad de acabar con su voto con una situación indeseable. En teoría, y pese al desencanto que abona la crisis económica, la convocatoria debería de generar un interés notable, porque tenía un punto de reto, de desafío. Pues, como se dice en los concursos, prueba no superada. Ni las broncas institucionales previas ni la campaña estimularon al electorado; se impuso el hartazgo, una indiferencia creciente ante el desenlace. El recurso más simple se limita a culpar a los partidos y, sin duda, estas organizaciones lo merecen, pero la respuesta debe ir más allá: qué tipo de sociedad es la que alimenta esta situación.


La abstención no es homogénea ni inocua, ni permite lavarse las manos. Castiga a unos y beneficia a otros, en función del grado de movilización de su electorado. En este caso, parece bien claro que ha perjudicado al Partido Popular y ha beneficiado a Foro. Es probable, también, que la elevada abstención haya castigado a los socialistas, lo suficiente como para convertir en papel mojado la posibilidad de gobernar con el apoyo de IU. Aún así, el PSOE puede presumir de haber ganado tanto en votos como diputados. Que Javier Fernández presente su candidatura en la nueva Junta General a la Presidencia del Principado es inexorable.


La tercera pregunta -quién se lleva el gato al agua en la derecha- era, en este caso, la madre de todas las batallas, el casus belli original: fue, precisamente, la peripecia interna del Partido Popular el origen de este desaguisado. Si en su día se hubiera gestionado pacífica y reglamentariamente el debate sobre la candidatura de Álvarez-Cascos, nada de esto hubiera pasado.


El escrutinio de mayo de 2011 no había dejado resquicio a la duda: 178.000 votos y 16 diputados para Foro, frente a 120.000 sufragios y 10 escaños para el Partido Popular. Con estos números, cualquier entendimiento pasaba por el hecho de que el PP reconociese la condición victoriosa de Álvarez-Cascos. No sucedió así, y el triunfo, también incontestable, del PP en las generales de noviembre, alimentó la idea de que Foro había sido una pasajera tormenta primaveral. Pese a ello, el PP no repitió la apuesta, sino que acudió a las urnas después de una fortísima reestructuración interna: nueva presidenta, lista con cambios importantes y el ex alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, destinado a la reserva activa de la Delegación del Gobierno con obligado voto de silencio hasta el fin de la jornada electoral. En este caso, la contestación no deja lugar a duda posible: el resultado del PP ha sido un fracaso. El análisis de lo sucedido no puede ser despiadado ni apresurado, al contrario de lo que habían concluido: el problema no eran Pérez Espinosa ni Aréstegui ni demás apellidos desaparecidos en combate; el problema es su debilidad estructural, que ya en mayo había quedado en evidencia ante la fortaleza del liderazgo de Cascos. Ahora deberían echar la cuenta de que solucionar esa fragilidad no se soluciona de la noche a la mañana con apretones de mano, ocurrencias ni rendiciones. Una papeleta bien difícil de gestionar.


La última pregunta es, a estas horas, la que aún está sin respuesta. Y la que, si el raciocinio no lo remedia, puede devolver Asturias a la casilla de salida.

Enlaces recomendados: Premios Cine