24 de junio de 2012
24.06.2012

Un objetivo idéntico

Las mismas estrategias en Francia y en Asturias para destrozar al centro-derecha

25.04.2012 | 05:36
Un objetivo idéntico

Comparten estrategia y muchas otras cosas más. Los dos tienen como objetivo destrozar al centro derecha y a ninguno de ellos le importa dar el poder a los socialistas si con ello avanzan en su propósito. Ambos viven como pez en el agua en una crisis económica que hace agradable a muchos oídos la crítica antisistema. Y en los dos casos se ven favorecidos por unos partidos tradicionales que viven con unas anteojeras que les impiden ver como los más radicales de la derecha y de la izquierda les comen el terreno común que comparten y que ha llevado a Europa a las mayores cotas de progreso y bienestar.


Marine Le Pen acaba de lograr 6,4 millones de votos con su mensaje racista y antieuropeo, pero sobre todo por sus diatribas contra los dos grandes partidos (la «UMPS» en la que une las siglas del Movimiento Popular -UMP- de Sarkozy con las del Partido Socialista -PS- de Hollande en una versión a la francesa del imaginario PPSOE casquiano). Culpar de todos los males del mundo a los dos poderosos partidos no sólo es fácil sino que puede generar un poderoso atractivo en medio de una pavorosa crisis como la actual. Entre el paro y la incertidumbre, Le Pen captó a uno de cada cinco franceses con un ideario facilón basado en el miedo, a la libertad de los individuos y a la libertad de emprender, en el que tan malos son los sindicatos por rojos como los empresarios por depredadores.


Ahora esos millones de votos que fueron a Marine Le Pen en la primera vuelta serán decisivos para decidir el futuro presidente de Francia. La líder ultraderechista se decanta por dar libertad de voto a sus seguidores para favorecer la victoria del socialista Hollande. La retirada de Sarkozy, si pierde, le dará una oportunidad de hacerse con el control de la derecha de cara a las próximas elecciones legislativas.


Lo de menos para Marine Le Pen es desarrollar su programa electoral. Si fuese así buscaría un acuerdo con el candidato más cercano. Pero ella sabe que su programa antisistema es absurdo e imposible de llevar a cabo, que sólo es un método para llegar al poder.


Por el contrario, los otros antisistema franceses, los de izquierda, han decidido apoyar de forma unánime al candidato socialista. Su estrategia es completamente diferente. Su objetivo es influir en la política, llevar a sus ideas a los socialdemócratas, no destrozarlos. Le Pen actúa bajo la máxima del «cuanto peor, mejor»; los ultras de izquierdas, no.


Aquí, en Asturias, Álvarez-Cascos regresó a la política con un solo objetivo, destrozar al PP, y con una única bandera, la lucha contra un imaginario PPSOE. El hartazgo de muchos asturianos ante el clientelismo arecista y la incapacidad del PP en la oposición le permitieron llegar al Gobierno, aunque fuese en una posición ultraminoritaria. Desde la Presidencia regional nunca intentó desarrollar un programa de gobierno. Sólo buscó hacer daño al PP. Y por el camino se enfrentó con prácticamente toda la región, incluidos los empresarios, a pesar de que muchos de ellos habían recibido con esperanza su candidatura pocos meses antes.


Sarkozy y Mercedes Fernández, salvando las evidentes diferencias, tienen enfrente a dos fuerzas con estrategias similares y con un mismo propósito, destrozarles. El todavía presidente francés lleva toda la campaña electoral dando tumbos entre la derecha y el centro para esquivar las dentelladas ultras. Si Sarkozy no sabe cómo encarar el problema, no es de extrañar que Mercedes Fernández también dude. Primero lo intentó pasando desapercibida en campaña y poniendo a Rajoy y a sus ministros de escuderos. Ahora se atreve a dar un paso al frente para evitar que se apoderen del centro derecha en Asturias quienes llevan año y medio acusando al PP de todos los males de la región.

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