la columna del lector

Sólo números en un aeropuerto

03.09.2015 | 04:04

Partiendo de la certeza de que todas las compañías aéreas sufren percances, sean por las causas que sean, no es tan grave sufrirlos como no saber gestionar los inconvenientes que dichos percances generan a tus clientes. Y con esto me refiero al abandono de 160 pasajeros, de los cuales unos 30 eran menores, que durante trece horas estuvieron desatendidos y desinformados en el aeropuerto de Asturias, un aeropuerto de dimensiones mínimas, situado en medio de la nada y prácticamente incomunicado de los núcleos de población cercanos. Cuando el vuelo de Vueling VY 3865 con destino Palma de Mallorca aborta el despegue en plena maniobra de aceleración porque se escucha una fuerte explosión, comenzó una odisea para los pasajeros de dicho vuelo, más para algunos de ellos que tienen cierta fobia a volar. Lo más frustrante es que durante las siguientes trece horas de espera la compañía no facilitó posibilidades o alternativas de recolocación a los pasajeros con necesidades especiales, negó la posibilidad de abandonar el aeropuerto a los pasajeros al no aproximar una hora de embarque, los mantuvo deshidratados al no proporcionarles agua, aun sabiendo que había niños de temprana edad, ocultó información y, lo que es peor, desinformó sobre los derechos que los pasajeros tienen a reclamar los gastos acarreados por el retraso o las indemnizaciones por retraso que estipula la ley. A pesar de ello, creo que hubo más de cien reclamaciones. El cómo cuantificar los gastos es la parte más complicada, porque ¿en cuánto valorar trece horas de tu vida? Trece horas encerrados en un aeropuerto pequeño dan para conocer a tus compañeros de viaje y sus historias. Uno se dirigía a una entrevista de trabajo que perdió por el retraso, varias familias y parejas iniciaban unas merecidas vacaciones, otros hacían escala para enlazar con vuelos que perdieron y otros volvían a casa para incorporarse al trabajo al día siguiente. Supongo que para la compañía Vueling sólo somos números que abandonaron en un aeropuerto a los que intentarán denegar cualquier tipo de compensación alegando algún rebuscado motivo; total, ya se cansarán de quejarse o se olvidarán. Por suerte, la gente valora mucho su tiempo y ha aprendido a organizarse, además hay compañías de abogados especializadas en reclamar estas indemnizaciones, sobre todo cuando hay grupos grandes de afectados, gracias a las cuales se está acabando la impunidad de la que gozaban las grandes compañías.

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