"Las matemáticas no son pasatiempo ni adorno", reivindica Juan Luis Vázquez

El nuevo doctor honoris causa por la Universidad de Oviedo considera que la independencia intelectual es requisito imprescindible para un buen científico

17.10.2015 | 05:02
"Las matemáticas no son pasatiempo ni adorno", reivindica Juan Luis Vázquez

"Hoy vengo a ofrecer a la Universidad de mi tierra mis matemáticas y mis humildes servicios", se presentó ayer el catedrático de Matemática Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid, Juan Luis Vázquez, asturiano de trayectoria científica y humana brillante, tras recibir los atributos como nuevo doctor honoris causa de la Universidad de Oviedo. Su padrino en el acto solemne celebrado en el Paraninfo del edificio histórico, el catedrático Santos González, se adelantó a pedirle públicamente que accediera a brindar su magisterio en la Universidad de Oviedo "para mejorar la formación de los alumnos que pisan nuestras aulas". A su juicio, el espíritu creativo e innovador de Vázquez "está en plena actividad, yo diría que en el mejor momento", proclamó. De su amigo y compañero en las labores académicas subrayó Santos González que es "un genio muy, muy normal" que ama la música y "fue muy ye-yé y pro 'Beatles'" además de amante del flamenco, el jazz y la música clásica, por citar solo algunas de sus aficiones.

Vázquez, mitad ovetense de Las Segadas y mitad quirosano, dijo sentirse miembro del "Club de la Buena Estrella Matemática" en el sentido de haber profesado "un amor constante" por la ciencia matemática que ha sido correspondido "de forma extremadamente generosa". Para tratar de explicar al gran público la "melodía continua" de las matemáticas que le ha acompañado a lo largo de toda su trayectoria profesional, el nuevo doctor honoris causa de la Universidad de Oviedo -con reiterados agradecimientos a su círculo más íntimo de familiares y colaboradores- acudió al símil musical, definiendo esta ciencia a la que ha dedicado más de 40 años como "la amiga fiel" que es, al mismo tiempo, como "la serenidad de Vivaldi, la alegría de Mozart, el 'Claro de luna' o el 'Himno a la alegría' de Beethoven, la 'Sinfonía inacabada' de Schubert, el 'Sueño de amor' de Lizst o el piano de Rachmaninov, y también la pasión de Verdi o la determinación de Puccini".

Vázquez no se olvidó tampoco de recordar la importancia de la investigación matemática para el progreso de un país y para educar a los jóvenes en "un razonamiento justo y fiable". Por eso, subrayó, las matemáticas "no pueden ser ni un pasatiempo ni un adorno", aseveró Vázquez tras presentarse como "un humilde seguidor de Newton" que inició "de manera imprevista" una larguísima carrera de profesor que nunca ha interrumpido tras haber recalado en universidades de todo el mundo.

Alumno de la escuela de El Condado y del maestro don Celedonio; después estudiante en el Colegio Loyola de los Padres Escolapios, llegando incluso a dar clase de Álgebra a sus compañeros, se estrenó en la Universidad de Oviedo matriculándose en los estudios de Minas, teniendo como compañero de aula a Álvarez-Cascos, como se encargó de recordar Santos González. En esa etapa, su facilidad por los idiomas le llevó a aprender catalán pero también se maneja con soltura en francés, inglés, italiano, alemán, ruso, sueco, portugués, latín y gallego. Tras ese primer año de Minas, en Madrid cursó ingeniería de Telecomunicación, sin llegar a ejercer. Su vinculación definitiva con las Matemáticas llegaría en 1970 cuando inició estos estudios en la Complutense de Madrid, recién casado con Mariluz García, química por la Universidad de Oviedo. El matrimonio se estableció entonces en la capital y desde allí iniciaron una trayectoria vinculada para siempre a la Ciencia. "Ese año comenzó a invadirme el virus de las matemáticas que ya no me abandonaría", rememoró Juan Luis Vázquez. Sobre este asunto apeló a la independencia intelectual, "el libre examen que yo aprendí", como "requisito imprescindible" para un buen científico.

Por su parte, el rector de la Universidad de Oviedo abundó en el espíritu innovador y creativo, la constancia y la inquietud por conocer y explorar nuevos caminos de la ciencia que han acompañado siempre al nuevo doctor honoris causa. Y destacó la importancia de inocular el virus de la investigación en las generaciones actuales. En este contexto, Vicente Gotor aprovechó para reivindicar la necesidad de "savia nueva en nuestras aulas" que permitan atender el inaplazable relevo generacional. De Vázquez subrayó el Rector que es ejemplo para "despertar en nuestros jóvenes esa inquietud por aprender tan necesaria para que la ciencia siga avanzando". Vázquez, por su parte, se proclamó "abierto a muchas influencias, bastante independiente y algo desconfiado de las filiaciones oficiales". Con estos mimbres, ha trazado un camino pleno de éxitos y sabiduría en el que "Asturias va siempre en el corazón".

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