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Profesora, investigadora y alumna

Andrea Fernández, mejor expediente de Química Industrial, rechazó tres ofertas de empleo por un máster en Madrid donde cultiva todas las facetas académicas

23.11.2015 | 04:16
La joven Andrea Fernández Gorgojo, en la Universidad Carlos III.

Para la ovetense Andrea Fernández Gorgojo no hay crisis. A esta ingeniera química industrial de 22 años le llueven las ofertas de empleo. Ahora mismo está haciendo un máster sobre Ciencias de Ingeniería de los Materiales en la Universidad Carlos III de Madrid, donde además es investigadora y profesora. Por el camino ha tenido que rechazar varias oportunidades laborales. En concreto, tres. Y todo por un brillante expediente, que la Universidad de Oviedo reconocerá este miércoles mediante la concesión de uno de los premios fin de carrera de la institución docente, con motivo de la festividad de Santa Catalina.

Fernández insiste que su éxito "no es cuestión de suerte, sino de trabajo". "Siempre fui de sacar buenas notas, pero gracias al esfuerzo. Me paso horas y horas en el laboratorio", cuenta. Pese a ello, la joven ovetense no se considera una "rata de biblioteca". Todo lo contrario: "Me gusta salir con mis amigas y pasarlo bien", asegura.

Su formación comenzó en el Instituto El Piles de Gijón, donde estudió hasta ingresar en el campus universitario de la ciudad. Allí siempre destacó por ser una alumna de sobresalientes y matrículas de honor. De hecho, Andrea Fernández sólo suspendió una vez en su vida. Lo tiene grabado en la mente. "Fue en segundo de Bachiller, en la asignatura de dibujo técnico. Saqué un 4,8. Nunca se me olvidará", confiesa. Desde entonces, nunca bajó del nueve. Ni durante la carrera de Ingeniería Química Industrial. A ella llegó por influencia de su profesora de química, Marta Elena Fernández Cortés. "Mi padre y mi hermano son ingenieros. A mí siempre me gustó ese mundo, pero no sabía qué estudiar. Sólo tenía claro que mi futuro iba a estar en la ciencia. Hasta que esa maestra me metió el gusanillo en el cuerpo de la investigación", recuerda.

Andrea Fernández Gorgojo, que se considera "mitad ovetense, mitad gijonesa", acabó el grado en Ingeniería Química Industrial el curso pasado. Aunque la pugna por su expediente, comenzó ya antes para las prácticas de la Universidad. Las hizo en el Instituto Nacional del Carbón (INCAR), tras rechazar dos becas, una de Hidroeléctrica del Cantábrico (HC) y otra del Banco Santander.

Lo mismo sucedió cuando finalizó los estudio universitarios. El INCAR le ofreció seguir trabajando en sus instalaciones, pero Fernández optó por hacer un máster en la Universidad Carlos III, que era otra de las oportunidades laborales que tenía en la bandeja de entrada de su correo electrónico.

"Estoy muy orgullosa y también agradecida porque las empresas confíen en mí. La verdad es que me da mucha rabia rechazar las ofertas", asegura.

En Madrid está ahora "muy contenta". "Por las mañanas soy profesora, por las tardes investigadora y por las noches estudiante. Lo que hago en el laboratorio es buscar nuevas aplicaciones para las pilas y baterías tradicionales. Combinando diferentes materiales, estoy buscando mejorar sus propiedades y abaratar sus costes", explica la joven ingeniera.

Cuando finalice el máster, la ingeniera ovetense tiene claro que hará el doctorado, aunque no sabe todavía dónde. "No sé si seguir en Madrid o en el Instituto Nacional del Carbón, donde ya me han dicho que tengo las puertas abiertas", proclama.

-¿Y después?

-No lo sé. Un doctor está mucho mejor valorado fuera que aquí. Y también hay mucha más salida laboral en el extranjero que aquí en España. Y es una pena, porque al final el conocimiento bueno se está aprovechando fuera de nuestra fronteras. Eso a la larga va a perjudicar a las empresas nacionales, que tendrán que financiar proyectos extranjeros. Pero bueno, de momento prefiero no pensar en ello y vivir el momento.

Andrea Fernández Gorgojo recogerá este próximo miércoles 25 de noviembre el premio Santa Catalina al mejor expediente académico de Ingeniería Química Industrial. Según cuenta, le espera un "viaje caótico". "Iré por la noche en autobús y volveré al día siguiente", dice. Todo, con tal de recibir un reconocimiento a su esfuerzo académico e investigador.

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