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El Banco de Alimentos sostiene a 26.000 asturianos, el triple que antes de la crisis

Juan Luis Núñez, presidente de la entidad, asegura que la demanda de ayuda para comer, que crecía al 30% anual, se moderó tras el verano

26.11.2015 | 03:54

La recuperación económica que dejan entrever los datos macroeconómicos "no cala en las personas más desfavorecidas", alertó ayer Juan Luis Núñez, presidente del Banco de Alimentos de Asturias. Y es que aunque, según indicó, tras el verano "se ha moderado" el incremento de la demanda de ayuda para comer, que venía creciendo a un ritmo anual del 30%, todavía hay en la región 26.000 personas cuya subsistencia depende de las 250 instituciones que colaboran con este banco asistencial. Es el triple que al inicio de la crisis, cuando eran entre 8.000 y 10.000 los ciudadanos que requerían esta ayuda.

Núñez añadió que la recesión económica ha cambiado el perfil de las ayudas prestadas por el Banco de Alimentos. Y es que si hasta 2008 se dirigían casi en exclusiva a transeúntes, personas sin hogar y usuarios de albergues, en los últimos siete años se ha multiplicado la asistencia a familias que no sufrían problemas de alimentación antes del estallido de la crisis.

El responsable del Banco de Alimentos de Asturias dejó estos datos y consideraciones durante su intervención en la presentación de la guía para reducir el desperdicio de alimentos elaborada por la Alianza Nacional contra el Hambre y la Malnutrición en España, a partir de las conclusiones de un encuentro de especialistas en este ámbito celebrado el pasado mes de abril en Oviedo. También participaron en este acto, celebrado en la sede de la Fundación Caja Rural, Gimena Llamedo, directora de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo; Antonio Blanco, director de la Fundación Alimerka, y Santiago Fernández, gerente de Cogersa, quien desveló que cada año llegan al vertedero unas 400.000 toneladas de basura, de las que entre 130.000 y 140.000 corresponden a restos alimenticios: 140 kilos por asturiano al año.

La guía pretende que la reducción de las pérdidas y de los desperdicios alimenticios sea una "responsabilidad común de todos los actores de la cadena alimentaria", según apuntó Antonio Blanco. Para ello –añadió¬ el responsable de Alimerka– hay que tener en cuenta un "requisito previo e inexcusable", que es "la seguridad o la inocuidad alimenticia como un valor absoluto o línea roja que no podemos traspasar".

En todo caso, los expertos advierten de que este proceso de reducción tiene que llevarse a cabo con "una clara jerarquía de prioridades" en la que mande la "prevención". A partir de ahí, siempre serán preferibles las actuaciones que permitan aprovechar los alimentos sobrantes para el consumo humano. Si no fuera posible, habría que procurar la reconversión de los restos alimenticios en piensos, compost o biogás, dejando el almacenamiento en los vertederos "como último recurso". Los expertos también recomiendan "un observatorio para conocer las pérdidas de alimentos por persona y año".

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