SERGIO PASCUAL PEÑA | Secretario de organización estatal de Podemos

"Cuanto más intentan dividirnos, más fuertes estamos; en Podemos hay unidad monolítica"

"El problema en Asturias es que cuando lleva mucho tiempo gobernando el PSOE se parece cada vez más al PP"

16.03.2016 | 12:34
Sergio Pascual, durante una intervención pública.

El secretario de organización de Podemos va a empezar asumiendo que en un partido joven, de explosión rápida y composición heterogénea, nada hay de excepcional en la tensión interna. El discurso de Sergio Pascual va a hacer eso compatible, no obstante, con la convicción de que el adversario, el objetivo, sigue en el exterior. Explica las renuncias en cascada de diez dirigentes locales de la formación en Madrid invitando a superar las apariencias y a defender que, en contra de lo que pueda parecer, el intento desestabilizador no viene en realidad de dentro, sino de fuera. Diputado por Sevilla, se reúne hoy en Oviedo con los miembros del consejo ciudadano autonómico de la formación en Asturias.

-Sostiene que no hay fisuras en el partido. ¿Qué son diez dimisiones simultáneas?

-Podemos es un partido joven que ha crecido rápido con gente procedente de lugares muy diversos y es normal que se planteen discrepancias. Tenemos la sensación de que en este momento en el que los focos del país están puestos en la investidura, ante la apertura clara de la posibilidad de un gobierno en el que esté Podemos hay mucha gente interesada en que no se hable de ello y se dedican a sacar titulares de donde no los hay. Ha sido una discrepancia acompañada por la reubicación de unos compañeros que van a seguir trabajando para el partido en lugares donde creen que serán más productivos.

-¿Dicen de verdad que ha sido una maniobra del PSOE?

-En absoluto. Pero esto es como el juego del Cluedo. Busque quién se beneficia de estas portadas y tendrá al culpable.

-O sea, que sí.

-Yo llego hasta donde llego. Blanco y en botella.

-¿Divide y vencerás?

-Lo que pasa es que no se dan cuenta de que pasa justo al revés, que cuanto más tratan de dividirnos, más fuertes estamos. Incluso los compañeros que expusieron sus diferencias han dejado claro que hay unidad de acción en torno a lo importante, que no es lo que sucede en el consejo ciudadano de Madrid, sino el debate de investidura. Somos una piña.

-¿Ninguna distancia entre Pablo Iglesias e Íñígo Errejón?

-En absoluto. A lo mejor sobre el menú de la comida, pero respecto a la necesidad de un gobierno presidido por Pedro Sánchez con Pablo Iglesias como vicepresidente que empiece a solucionar los problemas de los españoles hay unidad monolítica.

-¿No tendrá algo que ver la sospecha demoscópica de que muchos de sus electores reprueban su resistencia a pactar con el PSOE?

-Tampoco. En el consejo ciudadano de Madrid no se trataba nada que tuviera que ver con la investidura. Fue una discusión normal en torno a la organización de determinadas áreas del partido que nada tienen que ver con el debate nacional. Por lo demás, nosotros insistimos. Estamos abocados y esperanzados con la propuesta que hemos puesto encima de la mesa, en la que paradójicamente Podemos quiere que el presidente sea un socialista, y pensamos que es la más sensata y la que ofrece mejores resultados para nuestro país. Lo que parece menos razonable es que Pedro Sánchez no quiera ser presidente.

-Dice el mantra socialista que Podemos vota con el PP para que todo siga igual.

-Hemos votado no a unas políticas y sí a la oportunidad de intentar un gobierno que tendría muchísimos apoyos, como mínimo 161. Zapatero fue presidente con 169 y 161 está más cerca de 169 que 130. Esa propuesta se la hacemos al PSOE diciendo que no tiene que renunciar al 80 por ciento de su programa. Con nosotros habría más unidad de criterio y de programa sobre la derogación de la reforma laboral entera o de la ley mordaza. Habría que poner un poco de voluntad para sentarse a hablar sin condiciones. Lo que no se puede hacer llegar a dialogar con partido que tiene casi los mismos votos que tú con un documento fraguado en la negociación con otro.

-¿No sería más operativo buscar la parte del acuerdo en la que convergen y consentir que cambie algo, aunque no sea necesariamente todo?

-No lo queremos todo, sólo discutir partiendo de nuestro programa y con partidos con los que tenemos cierto nivel de proximidad programática. Por eso proponemos una mesa con cuatro formaciones a las que une una enorme unidad de criterio en torno a muchas cosas. Otra cuestión es que a partir de esa negociación el PSOE quiera convencer a Ciudadanos para que se abstenga. Eso es más fácil de conseguir con 161 escaños que pretender que se abstengan otras fuerzas teniendo sólo 130.

-En Asturias, el PSOE va a necesitar a Podemos para gobernar la prórroga presupuestaria. ¿Ve factible un acercamiento?

-En Asturias hay un problema similar al que tenemos en Andalucía. Cuando lleva muchos años gobernando, el PSOE cada vez se asemeja más al PP y es más difícil hacer que retorne a lo que dice su programa electoral. Por eso es difícil el acuerdo. Lo que me trasladan mis compañeros de Asturias se parece a lo que conocemos de un PSOE que degenera o se aleja de su soflama en las campañas electorales a medida que pasan los años de gobierno.

-¿Depende sólo de ellos?

-En Asturias, el PSOE debe cambiar más cosas que en otros sitios por la mochila que arrastra después de tantos años de gobierno. Esas prácticas exigen mayores rectificaciones que en otros lugares, pero si el PSOE va rectificando, nosotros dialogaremos con ellos como hacemos con todos los partidos.

-Aquí les afean un tacticismo muy de vieja política.

-Me imagino que será otra más de esas etiquetas que nos ponen. Como que nos financia el régimen de Irán o que hemos pagado el toro que mató a Manolete. Sólo puedo sonreírme. Cuando la vieja política se queda sin argumentos empieza a buscar epítetos en el diccionario y a veces encuentra muchas palabras esdrújulas. Contra eso, nosotros ponemos argumentos.

-Les van a pasar la factura de las nuevas elecciones. ¿Están preparados?

-Hemos sido transparentes y coherentes desde que estuvimos en el despacho del Rey y expusimos un proyecto que no nos ponía a nosotros a la cabeza, yendo más allá del lugar en el que nos han situado los ciudadanos. Nos parecía que Pedro Sánchez podía ser presidente con nuestros apoyos si se avenía a un gobierno de coalición y desde ese día nadie puede decir que hayamos cambiado el rumbo. Hemos discutido sobre programas de gobierno y hemos dicho que nos gustaría que que las carteras ministeriales estuviesen ocupadas por la gente más íntegra. Que en Vivienda estuviese alguien relacionado con la defensa del derecho a la vivienda, o en Interior alguien que sepa lo que ha significado en este país la ley mordaza... Es innegable que hemos dicho lo mismo desde el primer día, y si llegaran a repetirse las elecciones, que espero que no, la responsabilidad recaerá sobre quien ha decidido no ser presidente.

-Felipe González ha dicho que este "cuatripartidismo" es tan imperfecto como aquel bipartidismo.

-El señor González tendría que revisar su valoración sobre el voto de los ciudadanos. Cualquier resultado que salga de las urnas no puede ser sino perfecto. Igual a él le gustaría corregirlo, pero yo prefiero que sean los ciudadanos, y no la voluntad de un expresidente, los que decidan cómo queda el arco parlamentario.

-¿No fue un exceso llevar la cal viva al Congreso?

-Aquel día el debate fue rudo y duro, porque los españoles nos jugábamos muchísimo. Aquel fue un momento especialmente difícil, yo estaba detrás de Pablo, al lado de un diputado socialista, y había noventa personas dando voces y golpes en los escaños. En esas circunstancias, es difícil no ser duro y firme, pero no creo que se pueda calificar de error. Está dentro del normal juego parlamentario que uno contextualice una propuesta a partir de la historia, o plantee una actitud del PSOE en su pasado que uno cree que debe corregir. De hecho, yo ya lo he contado, cuando terminó el debate, nos despedimos de los diputados socialistas con total cordialidad.

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