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Asturias, entre las comunidades que sufren un mayor expolio arqueológico

La Guardia Civil detuvo en toda España desde 2011 a 180 personas por apropiarse de piezas de valor enterradas

21.03.2016 | 01:43

Asturias está entre las comunidades autónomas que más sufren el expolio arqueológico, según datos de las actuaciones de la Guardia Civil desde el año 2011. En total, los agentes han practicado 180 detenciones o imputaciones y se han abierto casi dos mil expedientes por infracciones administrativas. La actividad de quienes se apropian de objetos de valor arqueológico para después venderlo destaca, además de en Asturias, en las comunidades de Andalucía, Galicia, Murcia y Castilla y León.

Joyas, monedas de época romana, un casco celtíbero, espadas medievales... una gran variedad de piezas de alto valor arqueológico terminan en manos de grupos dedicados al expolio de reliquias históricas. Estos objetos acaban en grandes casas de subastas o vendidos en el extranjero.

Hace años, los expertos de la Guardia Civil consideraban que el principal objetivo que proteger era el patrimonio en iglesias, evitando robos. Ahora creen que es necesario prevenir la práctica del expolio de obras arqueológicas enterradas: una tarea que en ocasiones pasa de padres a hijos y constituye toda una actividad económica.

"Hay municipios en los que hay decenas de vecinos denunciados y nos quedamos cortos", aseguran fuentes de la Guardia Civil, que se remiten a estudios arqueológicos, según los cuales, España cuenta con un yacimiento cada tres kilómetros. Por ejemplo, abundan los proyectiles de la Guerra Civil: "Si esa guerra sólo duró tres años, se puede uno imaginar lo que puede haber bajo tierra tras varios siglos".

Los expoliadores utilizan detectores de metales con los que salen al monte a buscar piezas. En muchas ocasiones han recibido un soplo o recurren a especialistas e historiadores que les guían por dónde buscar.

Se trata también de una delincuencia itinerante. Las herramientas y detectores se trasladan por mensajería hasta otras provincias, para así no llamar la atención y evitar ser detectados en un control de carretera. Mientras dura la actividad, esconden las piezas halladas en el monte y no las recogen hasta el último día.

Después intervienen los intermediarios, en manos de quienes las piezas entran a formar parte de un mercado que actualmente no tiene límites tras la entrada de internet y las webs de intercambio. "El problema es la dificultad para demostrar que una obra ha sido expoliada y no forma parte de una colección familiar desde hace años. Aquí no hay prueba de ADN", dicen los investigadores.

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