La columna del lector

Barreras

13.04.2016 | 03:54

En el año 2013 cerró mi oficina bancaria de Banesto (hoy Banco de Santander) de la calle Corrida de Gijón. Tenía un escalón en la entrada y yo (peleando durante meses) había logrado que pusieran una rampa de acceso (voy en silla de ruedas debido a una enfermedad neurodegenerativa de las denominadas raras, ataxia de Friedreich, por su escaso número de afectados, yo soy muy normalita).

Pues bien (yo diría mal), la sucursal se trasladó al antiguo Banco de Gijón (al principio de la calle Moros), y mi gozo en un pozo, pues tiene dos enormes escalones en la entrada y unos cuantos escalones más hasta acceder a la oficina. Para mí, evidentemente, el acceso es imposible, pero para muchos clientes mayores o alguien que lleve un carrito de niño el acceso también les resulta muy complicado y peligroso.

Hace tres años me prometieron resolverlo con prontitud, pero pasa el tiempo y nada. No sé si la culpa es del banco o del Ayuntamiento (por ser un edificio protegido y no dejarles actuar en él), pero pienso y siento que las personas tenemos que primar ante los edificios.

¿Será que como es, por desgracia, demasiado frecuente las buenas intenciones se quedan en el papel?

¡Qué pena de mundo insensible!

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine