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El fondo del mar modifica su paisaje

El Cantábrico ya sufre en la costa asturiana los efectos del cambio climático con la extinción de algunos tipos de laminarias que empobrecen la flora marina

18.04.2016 | 09:35

La comparación es bien sencilla. ¿Qué pasaría si los bosques de Asturias desapareciesen y se sustituyesen por praderas? Que cambiaría el paisaje y todas las especies asociadas a los árboles acabarían marchando. Pues eso es lo que está sucediendo en el fondo marino, aunque nadie lo vea.

El biólogo José Manuel Rico, experto en el estudio de plantas acuáticas, advierte de que el mar Cantábrico ya sufre los efectos del cambio climático. El verano marino cada vez tiene más protagonismo en Asturias con temperaturas que superan los 22 grados centígrados. De seguir la tendencia actual, Rico prevé que el agua caliente una media de cinco grados por siglo. Esa subida castiga de forma notable a algas como la laminaria. De hecho, dos especies, la "saccharina latissima" y la "laminaria hyperborea" ya están prácticamente extinguidas en el Principado. Esto se explica con que "su valor crítico de supervivencia se sitúa en los 20 grados cuando podemos pasar tranquilamente un mes a 22", señala Rico, miembro del Observatorio Marino de Asturias.

El cambio de paisaje marino se aprecia perfectamente en la costa de Cudillero, donde el biólogo se sumerge todos los años para analizar las consecuencias del calentamiento global. En 2009 ya detectó que los bosques de laminarias "ochroleuca" empezaban a perder ejemplares y en 2014 su colorido pardo desapareció por completo. El biólogo constata, tras años de estudios, otro dato preocupante: el desplazamiento de la frontera que separa las aguas templado- frías, provenientes del Atlántico, y templado- calientes, del golfo de Vizcaya.

"La región siempre tuvo esa singularidad. La frontera, aunque andaba moviéndose, se situaba entre el Cabo Peñas y Cabo Vidio. Ahora, se ha desplazando hacia el Occidente y se localiza casi en la costa de Tapia. Ello explicaría que el ocle -el alga rojiza que tanto se explota en el Principado- cada vez esté más presente en Gozón, Carreño o San Esteban de Pravia, cuando antes se concentraba en Llanes. "El ocle es de aguas más cálidas que frías. Prueba de ello es que también se extrae en la costa de Tarifa y en Marruecos", detalla Rico.

El calentamiento del mar Cantábrico también está provocando -al igual que en la tierra- la aparición de especies invasoras. Por ejemplo, la "liagora" y la "grateloupia imbricata". La primera de ellas "es muy abundante en la costa gaditana y antes era extremadamente raro encontrarla en Asturias". Sin embargo, ahora es un ocupante mayoritario en los fondos marinos de la región, siendo especialmente cuantiosa en la concha de Artedo (Cudillero). Por su parte, la "grateloupia imbricata" es nada menos que de Corea. "Sólo existen otras dos menciones fuera de Asia. Una está en Canarias y otra, en las islas Azores. Posiblemente fue dando saltos hasta llegar aquí con el tráfico marítimo", detalla José Luis Rico. Este tipo de alga se localiza en los pantalanes de los puertos de Gijón y de Candás.

"Lo normal es que año tras año se detecten nuevas plantas acuáticas. Unas, porque son oportunistas y les vale todo, y otras, por el calentamiento del agua", explica el director del departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo, quien señala que este hecho no tiene por qué ser malo. "El problema es cuando tienen un comportamiento invasor y desplaza a las especies autóctonas". Por ejemplo, lo que sucede en la superficie con el plumero o hierba de la pampa. No obstante, el mayor temor de los científicos asturianos es que la costa asturiana modifique su paisaje, "y todo por culpa de la actividad humana". ¿Se puede frenar? Rico asegura que es difícil.

"Darle la vuelta a la situación es prácticamente imposible. Lo que se puede hacer en todo caso es mitigar sus consecuencias. Para ello habría que ir adoptando gradualmente tecnologías de obtención de energía que no supusiesen un aumento de las emisiones de CO2. Y aun así tardaríamos entre 30 y 50 años en recuperar los niveles de dióxido de carbono de los años noventa".

José Manuel Rico lamenta que en el mar no haya la misma concienciación que en la tierra. "Como es visible, si ahora mismo desaparece un bosque asturiano, todos nosotros nos movilizaríamos. Con el mar eso no lo hacemos". Y lo triste es que está pasando, en silencio.

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