La miseria demográfica se contagia

El Noroeste expande la crisis de su población envejecida a todo el país, donde las muertes superan a los nacimientos por vez primera desde 1941

24.06.2016 | 03:58
La miseria demográfica se contagia

La depresión demográfica asturiana es un mal contagioso que Asturias y sus vecinos del Noroeste sufren desde hace décadas y que acaba de trasladar sus síntomas al país entero. Mirada en su conjunto, la España de 2015 es la primera de la serie histórica del Instituto Nacional de Estadística (INE) en la que las defunciones han rebasado a los nacimientos. Ya es un problema de todos lo que en el Principado ha sido costumbre invariable desde mediados de los ochenta.

La penuria de la población envejecida y escasa se expande desde el Noroeste a todo el país por el peso cada vez mayor del enorme lastre que suponen las cifras de Asturias, Castilla y León y Galicia, por este orden las tres autonomías donde la diferencia entre nacidos y muertos volvió a ser el año pasado, con mucho, la más negativa de la nación. Los coletazos de la crisis y la huida de los inmigrantes han terminado además por desactivar el tirón que aún ejercen Madrid, el Sur y el Mediterráneo y por expandir a toda España la dolorosa tendencia que Asturias lleva sufriendo sin un solo año de tregua desde 1985. El Principado lleva tres decenios ininterrumpidos de saldo vegetativo negativo; ahora España es Asturias hace treinta años: en el recuento total del país hubo en 2015, por primera vez al menos desde 1941, más muertos que nacidos. De la diferencia salen 2.753 españoles menos sólo por motivos vegetativos, sin contar los intercambios migratorios.

Los datos divulgados ayer también encuentran un nuevo fondo más hondo para la inmensa crisis de la población asturiana. Por primera vez desde que la estadística tiene memoria, al menos desde 1975, las muertes contabilizadas en un año en Asturias duplican a los nacimientos: Asturias registró en 2015 13.546 defunciones escasamente compensadas por 6.457 alumbramientos. Mueren dos personas por cada una que nace. Cada día del año pasado nacieron de media 17 y murieron 37. La cifra de recién nacidos es la más pequeña desde 1998, la de los fallecimientos creció en 2015 más que nunca desde 1995 (un 5,7 por ciento) y ha superado los 13.000 por primera vez en cuarenta años como consecuencia del progresivo incremento del porcentaje de población anciana. Total, 7.000 habitantes menos.

Es el resumen de la miseria de la región que mantiene desde mediados de los ochenta la peor tasa de natalidad y la mortalidad más alta de España y que en 2015 ha vuelto a romper también el techo de su índice de envejecimiento, que tampoco tiene parangón en España y cuenta 204 habitantes mayores de 65 años por cada joven menor de 16.

El caso es que Asturias llegó antes que nadie a todo esto, que fue lastimosamente "pionera" en la indigencia demográfica al decir de Rafael Menéndez, profesor de Geografía de la Universidad de Salamanca e investigador del Centro de Cooperación y Desarrollo Territorial (Cecodet) de la Universidad de Oviedo. Esto que ahora sucede en el país entero pasó en Asturias por primera vez en 1985. Las muertes rebasaron a los nacimientos, la brecha entre las dos cifras apenas ha dejado de expandirse desde entonces y con ella las repercusiones cada vez más graves "en todos los ámbitos de la realidad económica y social", del pago de las pensiones a todo lo que cabe en la grieta del "relevo generacional". En Asturias y en España, esto lo ha acelerado la crisis por una triple vía, "haciendo que el número de nacimientos baje entre la población de origen español, que descienda la llegada de inmigrantes y que muchos retornen a sus países". Del Principado se ha llevado a los escasos inmigrantes que sostenían la natalidad y que al irse por falta de perspectivas borran el "repunte de nacimientos" que vino con ellos. Eran pocos y su aporte no habría servido "ni de lejos para equilibrar las cuentas. Fue moderado", pero sí tuvo sobre la cifra de alumbramientos cierta incidencia que ahora la estadística también echa de menos.

El descuadre negativo entre la natalidad y la mortalidad ha llegado hasta aquí desde la Asturias de los ochenta, relata Menéndez. Se extendió primero al Noroeste, "sobre todo a Galicia y Castilla y León, y ahora empieza a llegar a La Mancha y al Mediterráneo". Aquí, los años de ventaja hacen que "vayamos hacia la Región Geriátrico Noroeste", lamenta el geógrafo, que retrocede hasta los albores del fenómeno y recuerda que "cuando empezó" también se infravaloró dentro de Asturias su potencial expansivo. "Se decía que estaba asociado casi exclusivamente al mundo rural. Ahora, sin embargo, la situación va siendo la misma en el área metropolitana" y siguen sin verse en el horizonte las medidas correctoras a largo plazo que, al decir de todos los expertos, está pidiendo el problema. "No sólo competen a la Administración", apunta Menéndez. "Esto no es una simple cuestión de articular una partida presupuestaria para financiar una medida concreta, requiere un acuerdo social en el que entren las empresas, los sindicatos, los trabajadores o los expertos y que consensúe un procedimiento para atajar el principal problema que tiene el Noroeste ibérico".

Nadie lo ha hecho, y van treinta años, pero "se trata de conseguir un compromiso de verdad, abierto, que incluya una serie de medidas que permitan decididamente la flexibilidad de horarios, la atención a las embarazadas y a los recién nacidos, las condiciones que hagan que la gente pueda tener hijos sin enfrentarse a una carrera de obstáculos".

En la misma dirección, el investigador asturiano Alejandro Macarrón, presidente de la Fundación Renacimiento Demográfico, lamenta que lo que debería ser prioridad esencial "de la política y la sociedad civil" sea un asunto "secundario" sin sitio en la agenda social del país ni conciencia colectiva de su trascendencia. Él aboga por crear un "clima pro natalidad", por compensaciones económicas para las familias o por "descargar a las empresas del coste de la natalidad".

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