22 de julio de 2016
22.07.2016
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Gracias a la calidad de vida

Los residentes en las escasas parroquias asturianas de población joven ven la clave del fenómeno en los servicios y la accesibilidad

22.07.2016 | 10:57
Rocío Iza con sus hijos. Por la izquierda: Juan, Carlos, Pelayo y Pablo Bermejo Iza.

El trabajo obligó a Rocío Iza y a Juan Bermejo a mudarse desde Madrid al centro de Asturias, hace ya dieciocho años. Asentados en La Fresneda, donde han nacido sus cuatro hijos, este matrimonio descarta retornar a la capital, donde, aseguran, "la calidad de vida es muy inferior". Su familia numerosa pone rostro a la excepcionalidad demográfica de Viella, la parroquia que aloja la urbanización sierense y que es una de las nueve únicas de Asturias -de las 857 que tiene en total la región- donde la proporción de personas mayores es igual o inferior a la de jóvenes. La población anormalmente rejuvenecida en esta Asturias asolada por el envejecimiento se circunscribe a nueve demarcaciones de la periferia urbana asociadas a desarrollos urbanísticos recientes entre las que son las más significativas La Fresneda, Pruvia (Llanera) y Los Campos (Corvera). "Los niños pueden hacer vida en la calle, mientras que en la ciudad están más limitados. Si nos trasladásemos, sería fatal para ellos", sigue Rocío Iza en una calle de La Fresneda. Los hijos del matrimonio son Juan, de trece años; los mellizos Pelayo y Pablo, de diez, y el pequeño Carlos, de cuatro. Para ellos, la libertad que les da una localidad residencial como La Fresneda, con su creciente dotación de servicios, es un activo impagable.

"Aquí tenemos todos los servicios salvo el instituto, que es lo que nos falta. Pero hay centro de salud, colegio, centro de estudios, polideportivo y luego está el Club de Campo, que tiene muchas actividades para niños", explica Rocío Iza. Esta proliferación de servicios y la calidad de vida fue, de hecho, lo que les llevó a ella y a su marido a instalarse en La Fresneda, allá por 1996: "A mi marido le habían destinado a una entidad bancaria en Lugones. Nos vinimos un año de alquiler, nos gustó y nos instalamos definitivamente", relata .

En estos años, el matrimonio ha visto a muchas otras parejas jóvenes llegar a La Fresneda para formar una familia. "Mis hijos son de dos generaciones, podría decirse, porque hay casi diez años entre el mayor y el pequeño. Y es cierto que cuando tuve el embarazo de Carlos conocí a mucha gente que también esperaba hijos y a los que no conocíamos de antes. Y ves a algunos abuelos con sus nietos, pero hay muchos niños y mucha gente joven", sentencia.

Pese a que lleva menos de una década viviendo en Pruvia, la familia Agudín Barrero, más conocida en la parroquia como "Los pólvora", está perfectamente integrada en el entorno. "No teníamos ninguna vinculación con el pueblo ni con el concejo. Elegimos Pruvia porque estuvimos mirando diferentes sitios de la zona centro y fue uno de los enclaves que más nos gustó, por la tranquilidad y por su buena conexión con otras ciudades de la región", explica Vanesa Barrero, natural de Gijón, que lleva nueve años residiendo en la localidad llanerense juntos a su marido y sus dos hijos.

Aunque reconoce que en un primer momento le "costó" acostumbrarse al cambio de vivir en un piso de Gijón a la parroquia Pruvia, ahora asegura que ahora "no lo cambiaría". El matrimonio tiene dos hijos: Enrique, de catorce años, y Antonio, de ocho. "Ellos lo llevan bien. Van a estudiar a Lugo de Llanera y se mueven mucho tanto por allí como por Posada, donde están muchos de sus amigos", asegura.

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