09 de septiembre de 2016
09.09.2016
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Taramundi saca pecho de su artesanía

El municipio que dio el primer impulso al turismo rural se engalana para la festividad regional y quiere atraer miradas: "Hay que dar a conocer nuestro valor añadido", dice el Alcalde

09.09.2016 | 03:43
Taramundi saca pecho de su artesanía
Taramundi saca pecho de su artesanía

El occidente asturiano está de moda. Tras la elección el miércoles de la Comunidad Vecinal de Oscos como "Pueblo Ejemplar", ayer se engalanó Taramundi, municipio elegido por el Principado para acoger los actos populares del Día de Asturias. "Es muy importante para toda la zona; para el occidente son buenas noticias, a ver si nos acercamos un poco más al centro, que hasta ahora parece que estábamos un poco olvidados", analizaba César Villabrille, alcalde taramundés, quien ve en "el 30 aniversario del turismo rural y la apertura de La Rectoral", las razones que pudieron influir en la elección tomada por el gobierno regional.

Para una fecha tan señalada, el municipio occidental se engalanó como la ocasión lo merecía. El azul y amarillo de las banderas asturianas, omnipresentes allá donde se mirase, presidiendo cada calle, cada esquina, cada ventana, contrastaba de forma curiosa con la piedra vista y los tejados oscuros de pizarra, tan típicos de la zona y seña de identidad de la comarca.

Como si de un pintoresco retablo asturiano se tratase, ningún tópico de la región se quedó sin representación. La música tradicional se encarnó en la Banda de Gaitas "El Penedón" de Castropol, quienes acompañaron a los visitantes desde el inicio de la jornada, recorriendo las calles taramundesas gaita y tambor en mano. La gastronomía se hacía notar incluso antes de llegar al núcleo del pueblo; los olores de los tortos, acompañados de picadillo y quesu cabrales, de los embutidos, los quesos, los bollinos preñaos y todo manjar asturiano que se pueda imaginar, asaltaban a propios y extraños,

El tercer punto principal de la celebración, entronca inalienablemente con el lugar mismo donde se sitúa. La artesanía tuvo en el día de ayer un papel fundamental en la jornada transformando Taramundi en su totalidad en un mercado tradicional, que hacía a los visitantes retrotaerse unos años, ayudados por las sinuosas calles empedradas, como sacadas de una villa medieval. "Hay que dar a conocer el gran valor añadido de Taramundi", recalcaban desde el Ayuntamiento.

Entre los puestos, en los que se podía adquirir infinidad de productos, todos con reminiscencia asturianista, se mezclaban demostraciones de los trabajos más tradicionales, muchos de ellos ya en vías de extinción. El más representativo, sin duda, santo y seña de Taramundi, es la cuchillería. Antonio Díaz lleva cuatro décadas trabajando en la forja, creando tijeras y navajas, junto a su hijo, un mundo que para él "tiene futuro, la gente cada vez valora más la artesanía". Díaz forja a mano, con martillo y fragua, cada filo que vende, para darle "consistencia y dureza al acero", hasta el punto que "ya son más duras mis manos que el martillo", enfatiza. La seguridad en su trabajo lo dice todo: "Nosotros garantizamos de por vida cada producto que vendemos; si la hoja deja de cortar, la cambiamos gratis", asevera Díaz.

Pocas cosas hay más representativas de la Asturias rural que un par de madreñas, como las que fabrica Raúl Barbón desde que nació en el taller de su abuelo. Para Barbón, la madreña no está en peligro de extinción ya que "hay mucha gente que aún las usa, en los pueblos, para proteger del frío y de la humedad", explica, aunque "cada vez hay menos madreñeros, esto no es rentable, son muchas horas de trabajo tallar a mano cada madreña".

Uno de los instrumentos del mundo rural que ya no tienen ningún uso es el torno tradicional de media volta, como el que opera Arturo Iglesias. "Este oficio ya desapareció, lo recuperamos en el Museo Etnográfico de Grandas de Salime", relata, "de este modo se fabricaban las antiguas vajillas de madera". Precisamente con madera trabaja también Sergio Álvarez, tallándola para darle las formas más inverosímiles, como un cuélebre o una gárgola. "Estas piezas no se venden fácil, la gente no está para caprichos", se queja Álvarez, mientras golpea la gubia con el mazo redondo.

Más fuerza tiene que imprimir Chistian Marne para terminar el centollo que está tallando en piedra. "Mucha gente no se cree que esté hecho a mano, no imaginan que sea posible", asevera.

En lo que coinciden todos los artesanos es que mercados como estos suponen una oportunidad única para dar a conocer sus trabajos y su forma de realizarlos, el gran valor añadido de estos productos frente a la industria.

El día festivo se completó con visitas guiadas a espacios etnográficos, deportes tradicionales, representaciones teatrales en la calle, y la música de Tejedor y Paula Rojo que pusieron el punto y final al día grande del Principado.

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