"No hay derecho a estas esperas con personas mayores"

Los familiares de los pacientes se quejan de las demoras y los trabajadores las atribuyen a los recortes de personal

12.01.2017 | 03:55
Sala de espera del área de urgencias del Hospital de Cabueñes, de Gijón.

El Hospital de Cabueñes, de Gijón, vivió ayer una jornada de relativa tranquilidad tras los agitados día pasados. La incidencia de la gripe continúa siendo alta, pero la presión ha disminuido ligeramente, señaló el gerente del centro sanitario, Miguel Rodríguez. Ayer permanecían ingresadas en Cabueñes un total de 467 personas, frente a las 510 del del martes. La dotación de camas supletorias ha pasado de 96 a 56. Un número algo inferior de pacientes en planta que obedece a los "altibajos" que vienen registrándose en los últimos días y que tampoco son indicio claro de mejoría de la situación, porque, como subraya el gerente, "no podemos predecir cómo evolucionará en las próximas horas". En todo caso, la alta afluencia de pacientes a urgencias no ha afectado a las intervenciones programadas. Por el momento no se han llevado a cabo suspensiones o aplazamientos, como sí ha ocurrido en el HUCA.

Los enfermos y familiares que ayer por la tarde llenaban la sala de urgencias de Cabueñes se mostraban "cansados" por unas esperas que se alargan más de lo habitual. Carmen Fernández estaba "indignada" con la atención que a su juicio se le estaba dispensando a su madre, una mujer de 84 años, diabética y con un cuadro gripal. "La tienen desde las tres de la tarde sentada en una silla toda retorcida, y no sé cuándo la atenderán, no hay derecho a que hagan esto con una persona mayor", lamentaba. Como ella, Rodrigo Ruiz se quejaba del largo tiempo de espera -"cuatro horas y lo que me queda"- también por un caso de gripe. "Tengo amigos en el HUCA que sabían desde hace tiempo que esto iba a pasar y aquí nadie ha tomado medidas, aquí se ve cómo afectan los recortes", denunciaba.

A su lado, Carmen Martínez resoplaba en la larga espera por una amiga que estaba siendo atendida desde "la una de tarde y son más de las cinco y media". "Estamos encantados aquí, sólo nos falta que nos traigan un café", ironizaba instalada en la puerta de urgencias, un área en el que "no para de entrar gente, pero salir no sale nadie". Julio Galdo esperaba por su madre, con un cuadro de vómitos derivada desde un centro de salud de la ciudad: "Ése es uno de los problemas, que ellos mismos generan el atasco; el médico en primaria no se molestó demasiado y nos dijo que viniéramos al Hospital, y aquí se colapsa todo".

La incidencia de la gripe también tiene colapsado desde hace días el servicio de Urgencias del Hospital San Agustín de Avilés, sin una cama libre. No obstante ayer no hubo que posponer ninguna intervención programada, aunque los médicos no descartan que, en función de las necesidades, haya que hacerlo, como ya sucedió días atrás. La afluencia de pacientes al servicio de urgencias desató las quejas de los trabajadores, que reclaman más medios tanto humanos como materiales, ya que hubo momentos en los que no había ni una silla que poder ofrecer.

La epidemia gripal está saturando el ambulatorio ovetense de La Lila, sobre todo desde las ocho de la tarde hasta las dos de la madrugada, aproximadamente. En esta franja horaria pasan diariamente entre 60 y 90 pacientes. Los fines de semana la cifra se dispara hasta llegar incluso a las 200 personas que acuden al médico con síntomas gripales. "En Oviedo hay cuatro centros abiertos hasta las ocho de la noche: La Corredoria, Pumarín, La Ería y nosotros; y es a partir de esa hora cuando nos empiezan a llegar muchos pacientes, porque somos el único centro de guardia que queda en la ciudad", explicó ayer la doctora Isabel García Barrio. Unas horas en las que los tres médicos y dos ATS de guardia han de emplearse a fondo para atender a pacientes de todo el municipio, incluidas zonas como Las Caldas, Olloniego, San Claudio y Trubia. ¿Por qué acuden al médico a esas horas? "Porque es la hora en que la gente ya salió de trabajar y, por otra parte, las personas mayores, a medida que avanza la noche, empiezan a tener miedo de lo que pueda ocurrirles, lo cual es comprensible", añadió la doctora García Barrio.

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