08 de febrero de 2018
08.02.2018
Campo y Mar

Los huevos de "pitas felices" arrasan en el mercado

Las grandes cadenas quieren excluir de la venta los productos de gallinas enjauladas: los productores asturianos ven una oportunidad

08.02.2018 | 03:41
Gallinas en la explotación de huevos camperos de San Martino (Lena).

Las "gallinas felices" ponen más y sufren menos que las que habitan en jaulas. Así lo estiman los defensores de los huevos camperos, fruto de las aves que se crían en libertad y que recuperan una forma de vida que pretende ser parecida a la de los corrales de toda la vida.

Al auge de estos huevos de calidad, uno de los cuatro tipos que pueden producirse en la Unión Europea, contribuyen cadenas de supermercados y empresas como Mercadona, Carrefour y Nestlé, que se comprometieron hace unos meses a que en 2025 todos los huevos que vendan o usen serán de gallinas criadas en libertad. Lidl ha anunciado a bombo y platillo que en sus lineales ya sólo hay huevos de "pitas" que no se han criado en jaulas.

"Los que hacemos camperos queremos diferenciarnos bien de los que producen huevos con gallinas libres de jaulas", señala Adrián Flores. El ganadero lenense dejó en 2015 su profesión de pintor para montar una granja en San Martino, en la que las pitas salen a picotear por el exterior, siempre y cuando las circunstancias meteorológicas lo permitan. Ayer la intensa nevada las obligó a permanecer en la nave. Eso sí, rodeadas de comodidades como comederos especiales y ponederos automáticos.

Las 3.600 gallinas de Flores ponen al mes 110.000 huevos que se venden íntegramente a tiendas asturianas especializadas en alimentación. Las pitas comen trigo, maíz, cebada y avena. También reciben aportes adicionales de vitamina para compensar la energía que pierden en los paseos. El resultado del proceso son huevos cuyo precio oscila entre los 2,50 y los 3 euros por docena. "Un precio que los clientes están dispuestos a pagar, sólo un poco más alto que el del producto de gallinas que se crían sin jaula".

"Los animales viven de forma tradicional, con ventilación y luz natural", añade Flores. El proceso de producción incluye clasificación y calibrado; marcado y estampación con colorantes autorizados, envasado y etiquetado y comercialización y distribución. Los ponederos son todo un espectáculo. "La gallina pone el huevo y pasa directamente a una cinta transportadora que lo lleva al almacén, lo que nos evita muchos problemas".

La presión de los consumidores, unida a la de las organizaciones que velan por el bienestar animal, va camino de acelerar el proceso de desaparición de las granjas con jaulas, en principio, previsto en Europa para el año 2025. "Yo estoy seguro de que la prohibición de las jaulas llegará antes y eso también traerá problemas porque muchos tendrán que cerrar", señala Flores.

El empresario, que se benefició de las ayudas del programa Leader en la Montaña Central, prepara ahora una nueva nave con 2.500 gallinas que producirán huevos ecológicos, la categoría superior. "Quiero tener la mayor granja de huevo ecológico de Asturias", asegura. A la vez reclama mayor control de los procesos de producción. "Pienso que debería hacerse un mayor seguimiento para comprobar que se cumple la normativa que acredita a un huevo campero", recalca.

Adrián Flores consiguió sacar adelante la idea que surgió viendo un documental en la televisión. "Salía un americano que criaba gallinas y me llamó tanto la atención, que quise hacer lo mismo", explica el empresario. Aunque su profesión era la de pintor, "siempre había tenido gallinas en casa, pero nunca había pensado en la distribución". En el sector también se escuchan voces discordantes. José Ramón García, gerente de Asturiana de Avicultura, en San Cucao de Llanera, considera "una manipulación del consumidor hablar de huevos de 'gallinas felices', porque todos los avicultores intentamos que los animales se encuentren en las mejores condiciones; si la gallina está incómoda ya no pone". "Todas las poblaciones están sometidas a las normas europeas, y cualquiera de las cuatro formas de producción son validas", resalta. García considera que las gallinas que viven en jaulas están mas controladas. "En Inglaterra prohibieron que saliesen al campo por el riesgo de contagio de gripe aviar. Todos los sistemas tienen sus ventajas y desventajas. Hablar de gallinas felices es una aberración", matiza. Si en algo coincide García con Adrián Flores es en el cercano final de las jaulas. "Estoy seguro de que la presión podrá más".

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