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Príncipes azules que salen rana

Laura Torres, experta en violencia de género, explica los estereotipos sobre la vida afectiva de cuentos y películas

 
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Laura Torres, durante la charla que ofreció en el CPR de Avilés.
Laura Torres, durante la charla que ofreció en el CPR de Avilés. ricardo solís

Amaya P. GIÓN

La Cenicienta era una sumisa, la Bestia cumple las características que responden a un maltratador y Heidi era una niña buena que se sacrificaba incondicionalmente por hacer de su abuelo gruñón una gran persona. Los cuentos no son sólo historias con finales felices, sino que esconden una serie de mitos que identifican a la mujer con la persecución de un único objetivo: una vida afectiva ideal que se plasma en la interiorización de roles masculinos y femeninos que sirven de germen para la violencia de género.

De los príncipes azules que salen rana y otros mitos habló hace unos días en Avilés Laura Torres, vallisoletana de 33 años, licenciada en Derecho y Filosofía por la Universidad de Valladolid y coordinadora de políticas de violencia de género en la Dirección General de la Mujer en Cantabria. Torres es, además, coautora del libro «Lo que usted debe saber sobre violencia de género».

Le experta explicó en unas jornadas organizadas por el Centro de Profesores y Recursos (CPR) que «el amor no es un cuento» y los falsos mitos y los estereotipos sobre la violencia de género. La base de su teoría está en la educación: «Parte de cómo se nos educa en la infancia desde la familia, el ámbito educativo o los medios de comunicación para desarrollar ciertos roles de acuerdo a nuestro género. En el caso de las chicas, parte de la idealización de la vida afectiva, un amor ideal que se plasma en los cuentos», explica.
Cenicienta, la sumisa
Torres ilustra con ejemplos los mensajes ocultos en los cuentos infantiles y en grandes historias de amor de la gran pantalla. «La Bella y la Bestia», una historia de amor en la que la protagonista guapa y bondadosa se enamora de un monstruo que acaba convirtiéndose en un atractivo príncipe. «Vemos esta historia como maravillosa, una gran historia de amor, cuando la Bella es una sumisa, la Bestia la aísla de su contexto familiar, es agresivo y arisco... Pero ella lo quiere y a lo largo del cuento su único objetivo es cambiarlo, transformarlo a base de cuidado y cariño», apunta.

Otro de los ejemplos más clarificadores, según Torres, es la Cenicienta. «Es el modelo arquetípico de la sumisión. Nos venden su personaje como bondadoso, hace de criada de su familia y por asumir el rol de la Cenicienta tiene un premio, que es el Príncipe», explica. El cuento de Charles Perrault recoge detalles sangrantes, según la experta. «Una de sus hermanastras se llega a cortar un pie para poder calzar el zapato de cristal y conseguir al Príncipe», añade la vallisoletana experta en violencia de género.

Éxitos de taquilla de la gran pantalla son también ilustrativos de la teoría que defiende Torres. El mensaje es común en todas ellas: las mujeres son capaces de cambiar a los hombres a base de paciencia y cariño. «"Ghost" es el más claro ejemplo de que el amor todo lo puede; Julia Roberts en "Pretty Woman" es capaz de transformar a un empresario rico y arisco; en las historias de instituto americano aparece como protagonista el chico chulo y borde, pero la chica es capaz de transformarlo con su cariño y su cuidado», relata. Conclusión: desde la infancia las chicas asumen diferentes roles, cada vez más masculinizados, pero el reto último continúa siendo mantener una relación afectiva.
Bridget Jones, la fracasada
«Si no la consigues, eres como Bridget Jones, que se siente ridiculizada por haber fracasado en la vida afectiva, sumida en una soledad que se equipara al abandono», añade Laura Torres. Todos estos cuentos y argumentos cinematográficos, dice la experta, tienen como guión que el amor es soportar, aguantar. «Nos llevan a un umbral de tolerancia mayor hacia la violencia de género. Esa posesión por parte del varón implica superioridad e impide el desarrollo personal. Se interioriza la dependencia afectiva que se desarrolla con el proceso de socialización», explica. Una forma de poner en duda que el «vivieron felices y comieron perdices» no es más que un cuento mal contado.

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