Teresa CEMBRANOS
Avilés conquista el Oeste. Fue hace 20 años cuando el constructor Manuel Campelo descubrió el potencial de la zona alta de El Quirinal, un espacio abierto, soleado, alejado de la polución. Ahora, dos décadas después, aquellos prados han dejado paso a los pocos chalés adosados que hay a la venta en Avilés, unas casas que conviven, a escasos metros, con la nueva urbanización de Valgranda y, en un futuro no muy lejano, con el proyecto de Gaxín. Entre todos sumarán 4.627 viviendas.
Alfredo Iñarrea, concejal de Urbanismo de Avilés (PSOE), lo tiene claro: «El Noroeste es la zona de gran expansión de Avilés. Han sido los propios vecinos los que la han elegido y así es que tiene un éxito indudable. En su tiempo fue el centro histórico, que aún conservamos, el elegido para vivir; hace 20 años se generó un centro moderno que es Las Meanas. Y hoy toca el desarrollo de todo el espacio que las rodea», explica el edil.
Este éxito lo corrobora Campelo. El promotor inmobiliario asegura que tanto los chalés como las viviendas de la zona alta de El Quirinal se venden «muy bien». «Hay muchos clientes de Avilés, gente que quiere residir cerca del centro, pero en un lugar que, a la vez, sea tranquilo. Ya llevo 57 años construyendo; vendí a padres y ahora a hijos», dice. Actualmente, ya están edificados 150 chalés y 300 viviendas más. Aún faltan por hacer otras 400.
Ahora, todas las miradas se posan en la urbanización de Gaxín: 800.000 metros cuadrados de terreno para 3.300 viviendas, 2.000 con algún tipo de protección pública. Será la promoción más importante de la ciudad en los próximos años. «Seguimos la estela que marcan los vecinos», asegura Iñarrea. «Lamentablemente, es la última zona que le queda a Avilés para crecer», advierte Campelo.
Sin embargo, al plan de Gaxín aún le quedan muchos trámites por cumplimentar. Las previsiones apuntan a que se podrá iniciar la urbanización dentro de un año y medio y que los primeros pisos estarán a la venta en un plazo de tres años. Los expertos calculan que en Gaxín se podrá construir durante 25 años. «El mercado también tiene un agotamiento. Nunca ha habido una época de crecimiento como esta última década. En los buenos tiempos se hacían 300 viviendas anuales. Ahora, los nuevos proyectos son a largo plazo», explica Manuel Campelo.