SAÚL FERNÁNDEZ
Avilés, en el año 3000, al parecer, será un escenario de cómic y de lugares comunes como sacados de películas baratas de serie Z. La ciudad, dividida en dos partes -zona sur, bajo el imperio de Al Capone; zona norte, con Barbarroja como gobernante- está en manos de los asesinos profesionales, de mirada escrutadora y de verbo gélido y lleno de frases hechas. Con estos mimbres parte «Killer», el cortometraje de Nacho Carballo que se llevó el premio al mejor guión para jóvenes realizadores, una actividad vinculada al Certamen de cortometrajes «Villa de Avilés».
El protagonista -sin nombre, ¡se han olvidado de ponerle nombre!, «pero todos me llaman Kil»- pasea por la ciudad, bebe güisquis en antros donde bailan «strippers» y dispara a dos manos. Sobre todo dispara, se pasa el corto entero disparando, no vaya ser que el espectador no se haya percatado de que nos encontramos ante un filme de género. El tipo duro e impenetrable tiene una debilidad: la novia de Al Capone. Antes, en off (todo se cuenta en off, poco se trasluce de las imágenes -y es una lástima, se trata de cine-), ha hecho una confesión imperturbable: cuando toca hablar de «eso» dice que lo hace «con rubias, con morenas y con pelirrojas». Nada se cuenta de las castañas. Cuando habla, cuando monologa, la información que comparte se mueve por esos derroteros. De la nada, a la nada.
El reparto es meritorio, largo, lleno de nombres; el maquillaje es superlativo. «Killer» bebe del recuerdo de «Sin City» y, ahora, de «300». Pero la distancia con ambos títulos es gigante.