Amaya P. GIÓN
La variante de Avilés ha pasado de ser uno de los puntos negros de las carreteras españolas a convertirse en una vía con niveles de siniestralidad inferiores a los de cualquier vial de sus características. La apertura de la Autovía del Cantábrico a su paso por el municipio, hace un año y diez meses, ha descongestionado el tráfico por la vía rápida que, durante una década (entre 1992 y 2002) registró 53 víctimas mortales y más de 120 heridos en accidentes de tráfico. La vía rápida lideraba entonces el ranking del número de accidentes mortales por kilómetro cuadrado. El 10 de agosto de 2005 fue el último día negro para la Variante, hace ya más de dos años.
Los expertos aseguran, sin embargo, que la apertura de la autovía no ha sido la panacea para el descenso de la siniestralidad en la carretera más utilizada por los vecinos de la comarca. «El Gobierno debería tomar nota de por qué han descendido tanto los accidentes en esta vía», señaló Teo Moral Soto, director de autoescuela y Técnico de Vías por la Universidad de Valencia. «El mantenimiento depende ahora de Fomento. Se limpiaron arcenes, se mejoró la señalización horizontal y comenzó a funcionar la iluminación en los entronques. Antes había farolas y estaban apagadas. Cuando llovía no se distinguía ni la señalización de los carriles», criticó Moral Soto. Según el experto, la señalización deficiente puede provocar el diez por ciento de los accidentes y la iluminación influye casi un veinte por ciento en el descenso de la siniestralidad.
Conexión con el Hospital
La circunvalación avilesina ha pasado de ser la única vía de comunicación entre la cornisa cantábrica con Galicia a ser utilizada, básicamente, por conductores de la comarca. «Los usuarios habituales son ahora avilesinos, castrillonenses y corveranos, principalmente, conductores que conocen bien la carretera. Eso también influye en la caída de la siniestralidad», añadió el técnico vial.
La descongestión de la Variante, en cambio, sirve a algunos para pisar el acelerador y que la aguja del velocímetro alcance los 120 kilómetros por hora en una vía donde la máxima permitida es de ochenta. «Sigue habiendo imprudencias, muchos conductores aprovechan para correr más. Además, ahora apenas hay controles de Tráfico», apostilló José Ramón Ortea, representante de la Federación del taxi de Avilés, que criticó, además, la carencia de «conexión entre la Variante o la Autovía con el Hospital San Agustín».
«Es denigrante que pinchen una autopista para acceder a un centro comercial y que aquí ni siquiera hagan un acceso en una carretera secundaria para conectar con el hospital en la tercera ciudad de Asturias», arremetió Moral Soto.
Las barreras de protección para motoristas constituyen otra de las asignaturas pendientes de la Variante y de las carreteras asturianas, según el técnico vial. «Todavía hay barreras con aristas cortantes, armas letales para los motoristas. En Corvera se fabrican los mal llamados "quitamiedos" más seguros que existen en el mercado», señaló en referencia a la firma Hiasa (Hierros y Aplanaciones S.A.) ubicada en el polígono de Cancienes (Corvera). «Es triste que la Administración no invierta en estos productos. El dinero que recauda con las multas debería redundar en la seguridad vial», añadió el experto.
Autoescuelas
La descongestión del tráfico ha convertido, además, la circunvalación avilesina en el vial perfecto para aprender a conducir, según los profesores de autoescuela consultados. «Es una buena zona para habituar al alumno a entrar y salir de vías rápidas. Antes de la apertura de la autovía había momentos en los que era prácticamente imposible que circularan los alumnos», afirmó Charo Blanco, profesora de la autoescuela Iberia.
«Los carriles de incorporación son muy cortos y el tráfico era muy denso. Evitábamos dar clases por la Variante porque suponía un peligro para la conducción. Ahora, en cambio, se ha convertido en el lugar perfecto para enseñarles a circular por los carriles de incorporación», apuntó Teo Moral.