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Esperpentos nacionales

 
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Esperpentos nacionales
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A Josep Lluís Carod-Rovira le ha salido en CiU un competidor directo, Felip Puig, número dos de la coalición, que aprovechando la fiesta de la Hispanidad ha invitado a los catalanes a celebrarla trabajando. Una «huelga a la japonesa», ha dicho. Competir con Carod-Rovira no resulta fácil, porque siempre hay que dar un paso más al frente. Superarlo es casi misión imposible, sobre todo teniendo en cuenta que ya se ha medido con Ibarretxe, al anunciar la celebración en Cataluña de un referéndum similar al vasco. O que ha sido capaz de comparar al castellano en Cataluña con el turco en Alemania.

La locura es, sin embargo, contagiosa. Calculadamente contagiosa creo yo en este manicomio en que nos hemos convertido desde hace unos años. Ahí está para demostrarlo el esperpento de los políticos catalanes y de algunos autores en la Feria del Libro de Fráncfort. Y también de otros que pasaban por allí. Por ejemplo, las disparatadas declaraciones de Joan Laporta, que no fue a hablar a Alemania de cultura, sino de «la República catalana del Barça» (?) o de «la conciencia de país», al referirse a su cargo en el club que preside, que no cuenta, sin embargo, en sus filas con más de cinco jugadores nacidos en Cataluña, de una plantilla de veintitrés. En la selección española, sin ir más lejos, hay más futbolistas catalanes que en el Barça.

Sobrecogedora la estupidez. He aquí a un señor que se planta en una Feria Internacional del Libro y de la cultura para hablar de sus aspiraciones políticas. Si Cataluña no se puede independizar de España, viene a explicar, yo me comprometo a presidir «la República del Barça». ¿Qué quiere decir con eso? Y, en definitiva, ¿qué nos cuenta? En cualquier caso, alguien debería animar al lendakari Ibarretxe a presidir la República del Athletic de Bilbao como si fuese la patria de todos los vascos y vascas (entónese arrastrando las eses como es debido) y así no tendría ya que hacer la encuesta o el referéndum que se propone.

Algunos separatistas han llegado a argumentar que España no existe. Gustavo Bueno se ha preguntado en el libro «España es un mito» qué puede significar querer separarse de algo que no hay. «¿Cómo puede uno separarse de lo que no existe?». Pero como el secesionista ha añadido a su discurso que España es una entelequia, Bueno llega a la conclusión de que lo que quieren los separatistas es separarse de quienes alimentan esa entelequia.

De acuerdo con el libro de Bueno, el desafío secesionista tiene una considerable fuerza cuando se le interpreta como argumento ad hóminem. «Si tú afirmas que España existe como unidad indivisible de la nación española -tal y como lo dice el artículo 2 de la Constitución- pero yo afirmo mi decisión de autodeterminación y mi voluntad de segregación de España, sin que tú tomes las medidas adecuadas para detener mi proyecto, estoy demostrando que esa España que tú supones no existe, puesto que yo estoy ya afirmando mi segregación y aproximándome a ella, sin que nadie, más que de boquilla, me lo impida». Bueno lo recalca dándole voz a los separatistas: «De otro modo: la España cuya existencia tú defiendes sólo con palabras es una entelequia, pues una realidad política así no es una cuestión que haya que defender sólo con palabras, sino con hechos». De ahí, entre otras razones, el envalentonamiento separatista.

España es un viejo país y en su larga historia ha sufrido todo tipo de tarascadas. Pero lo que la lleva amenazando desde hace un tiempo es la conjura del disparate. En el Día de la Hispanidad de 2007, resulta más comprometido que nunca en los últimos años hablar de España. Y eso es, sin embargo, lo que hace casi todo el mundo. Todo aflora. «La guerra civil selló las pocas salidas que le quedaban al patriotismo. Uno de los dos bandos se alzó con la bandera de lo nacional; el otro, que hasta entonces lo había reivindicado con la misma intensidad, lo dejó perder en manos de los internacionalistas totalitarios, consciente de que el sentimiento de lo nacional es uno de sus más firmes adversarios», escribió José María Marco. Y a partir de ese momento no hay encuentro.


Bibliografía
«España no es un mito». Gustavo Bueno. Temas de Hoy.

«La libertad traicionada». José María Marco. Planeta.

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