El recodo

Piedra sobre piedra

 
Piedra sobre piedra
Piedra sobre piedra 

EUGENIO SUÁREZ os acomete el mal de piedra, es decir, la manía de levantar monumentos, experimentar con la arquitectura, alzar torres más altas que la luna y saciar ese recóndito apetito por la modernidad y la progresía que a veces se apodera de nosotros. Aquí y allá; no hay presidente autonómico ni alcalde pedáneo que no codicie el museo, la estela, el obelisco, el cacharro público no para que le defina, sino con el que identificarse.


En la antigüedad satisfacía la vanidad de los césares o conquistadores la siembra por pueblos y ciudades de arcos de triunfo que dejaban memoria de haber espachurrado a un enemigo, generalmente mal armado y poco convencido. Los conquistadores pasaban y las piedras, por fortuna, quedaron. Puede que no quepa catalogar como monumentos artístico a las pirámides, de corte geométrico y aburrido y que, según cierto político del XIX, mostraban el decadente amor por el trabajo de los albañiles egipcios, que empezaban una construcción llena de promesas, iban disminuyendo para terminar en un pico, casi un ladrillo, el último.


El vencedor se permitía el lujo de levantar esas muestras de su gloria porque le salía baratísima la materia prima, los esclavos, que trabajaban por un puñado de maíz machacado y unos cuantos latigazos en las espaldas. Pienso que algo cambió cuando las religiones modernas se propusieron la perennidad y alzaron las catedrales góticas, muchas de ellas levantadas con los mismos planos, pero que eran maravillas donde se conjugaba la piedra con la luz, la penumbra de los claustros con la claridad que traspasaba los vitrales. Pues ahí están, ganándole la mano, incluso, a la Puerta de Alcalá. Recorren todo el arco emocional, desde los oratorios visigodos, sobre los castros romanos y junto al gótico triunfante.


En ocasiones, esas referencias de trabajo y sublimación, polarizan el odio ciego del pueblo cuando se levanta y no encuentra mejor cosa que la de arrasar con todo. El fuego terminó con prodigios y maravillas milenarias, de imposible o difícil restauración.


¿Imposible? Me permito referirles una experiencia personal. Hace unos años, desde la casa de un querido amigo que me alojaba, en el interior de la Provenza francesa, tuve ocasión de visitar una de las más antiguas y bellas cartujas, levantada hacia finales del siglo XII, saqueada y pillada por los sarracenos, presa del fuego en tres ocasiones y, finalmente, secularizada y repartidos sus bienes y sus piedras, a raíz de la Revolución de 1790, la que manumitió a los trabajadores, acabó con las tiranías regias y con muchas cosas más. Se trata de la cartuja de La Verne, situada en el término de Collobriéres, en aquella Provenza donde pasaba unas vacaciones.


Se alzan sus imponentes muros en un colina que domina el verde valle cercano a Fréjus, nombre que tuvo fama al reventar la presa hidráulica y dar muerte a centenares de vecinos, hace unos cincuenta años. Una de sus más notables riquezas lo constituían el revestimiento de columnas y lienzos de una verde piedra serpentina de gran rareza y valor. Secuela de las alocadas revoluciones es que siempre suele desaparecer lo más valioso; si son muebles, tiempo después se encuentra en un domicilio privado o en un anticuario el secreter taraceado, la mesa imponente, el boudoir firmado por el artesano; en fin, que también el populacho tiene su corazoncito y sabe distinguir lo valioso y se arrancaron las piedras preciosas, adjetivación que viene muy a cuento.


Pues bien, unos treinta años antes de mi visita y conocimiento de estos hechos se había constituido una Asociación de Amigos de la Cartuja, cuya misión consistía en descubrir en las casas de las inmediaciones, los restos robados, incorporados a nuevas construcciones. No se les ocurrió -¡qué poca imaginación!- crear un premio literario, ni siquiera un karaoke cultural. Lo cierto, lo que vi, en buena medida y durante el escaso tiempo que aún permanecí por allí, es que, conseguida una ley que obligaba a restituir a la abadía cualquier resto, fuera cual fuese su tamaño, aparecieron si no todos, la mayoría, que con un trabajo de restauración memorable le devolvía el halo verdoso que tuvo en la Europa de las Cruzadas.


Como en un laborioso puzzle se fueron ensamblando los trozos sustraídos, unas veces rescatados por las buenas y otras utilizando la coacción de la justicia que los reclamaba con todas las de la ley. No estaba aún concluida, pero pude imaginarme la serena y silenciosa hermosura de los claustros, apenas quebrada por el paso rumoroso de las ovejas o la campana congregando a los monjes y al pueblo, poco feliz y resignado.


Repito que esto fue posible por el tesón de unos beneméritos ciudadanos, amantes de su pasado, con la sola recompensa de la tarea bien acabada. Sin ánimo, además, de aparecer en ningún apartado de la historia de las civilizaciones. Al parecer -y esto dignifica a los descendientes de los saqueadores-, apenas hubo resistencia y muy pronto se diluyeron las ocultaciones. Convencidos, quizás por una acertada argumentación oficial, cada cual llevó los trozos de jade que ennoblecían una pared o daban relieve al suelo de una estancia para que volviera a su anterior emplazamiento.

Recuperó el sentido la norma de que la propiedad comunal tiene poco que ver con el patrimonio personal. Aparte del estímulo que recibió la causa solidaria, las multas por ocultación maliciosa de restos de la abadía eran muy elevadas y más que dudosa la reclamación administrativas o judicial. Si hacen alguna excursión por aquellos hermosos parajes, donde todo no es Saint Tropez, el Benidorm de la Costa Azul, tendrán que anotar indicaciones muy precisas, para encontrar el rastro de la presa que se rompió. Un adecuado planteamiento ambiental, medio escondía entre bosques el lugar de la tragedia y también aplaudí aquél pudor de disimular el drama entre el oro verde de los árboles. En España no conozco asunto que se le parezca, aunque quizás sea debido a mi ignorancia.

Farmacias de guardia

Farmacias de guardia en Avilés

Farmacias en Avilés

Todas las farmacias de guardia hoy en Avilés

 
 
Farmacias de guardia en Asturias

Farmacias en Asturias

Consulta las farmacias de guardia hoy en tu localidad

 
 

Ocio en Avilés

Cartelera

Cartelera

Consulta los últimos estrenos en los cines del Centro Comercial de Trasona

 
 
Agenda

Agenda

Conciertos, exposiciones... ¡No te pierdas ningún espectáculo!

 
 
Centro Niemeyer

Centro Niemeyer

Consulta todos los eventos del Centro Niemeyer de Avilés

 
 
Teatro Palacio Valdés

Teatro Palacio Valdés

No te pierdas las próximas obras de teatro en Avilés

 
 
Enlaces recomendados: Premios Cine